- Haz como si no estuviera Halder, así los dos seremos más felices y no tendré que enfadarme contigo. -
- Pues finge que soy tu súper amigo del alma, el pajarito pío-pío, no me importa.
- Pero a mí sí. Olvídame Halder, no tengo un buen día ¿sabes?
- Oh sí, claro que lo sé. – Sonrió, con gesto de suficiencia. - … Si lo sabe todo el mundo.
El destello de sus dientes blancos casi me dejó ciega.
Hubo un momento de conexión mental y supe perfectamente todo lo que me estaba restregando, en mis propias narices.

Parpadeé. Una, dos, tres veces. El mundo parecía ir a cámara lenta mientras mi cerebro se replanteaba las opciones que tenía en aquel momento. Todo conllevaba la expulsión. Pero la expulsión no parecía tan mala comparada con la derrota que supondría caer al trapo de ese comentario. La muerte social. ¿Pero qué importaba lo que semejante ser pudiera decir cuando tu vida social ya está muerta? El número uno de mi lista de prioridades acababa de pasar de ”Tener una familia y un trabajo digno” a “Evitar a toda costa que Liam Halder procree y así salvar al mundo”.

- Si las miradas matasen, me hubieras matado hace 30 segundos. – tiró de mi mano, que llevaba atrapada entre las suyas todo el tiempo, evitando que me alejara más del banco de piedra que yo había ocupado poco tiempo atrás. El disfrute de mi banco se vio abortado por su llegada, claro está. Él lo disfrutaba, maldito, cómo lo disfrutaba. - Ava, Ava, Avita, ¿Qué hay detrás de esa cabecita rubia y esos ojos tristes? ¿Estrés? ¿Desesperación? ¿Otra cabeza rubia, quizás?
- Me haces daño, Halder. – tiré de mi mano, pero él apretó más fuerte. –
- El dolor te hace más fuerte.
- Y la modestia mejor persona, pero se ve que eso tú no lo sabías. – resoplé. - ¿Qué quieres?
- ¿Qué te hace pensar que quiero algo?
- Que me estás reteniendo en contra de mi voluntad, ¿no crees que es suficiente? – chasqueé la lengua con desesperación mientras intentaba zafarme de mi carcelero. ¿Cómo alguien tan menudo podía tener tanta fuerza? – Me estás haciendo daño Halder, de verdad. Suéltame, no me iré, te lo prometo.
Me miró un momento, hubiera apostado que con desconfianza, pero con gente como él nunca se sabía.
- Reserva esas miradas de corderito degollado para Glowwer, si en realidad tienes algún interés en él. – resopló con guasa, soltándome de golpe. Jódete, Halder, jódete, tú y toda tu prepotencia. Hubiera gritado un poco, pero … seguro que era justamente eso lo que buscaba. Se giró bruscamente, arrancó un trozo de rama del árbol que teníamos encima… y se lo tiró a un grupo de Slytherins que pasaba cercano, donde pude distinguir a Taramelli liderándolas a todas ellas. Se hicieron gestos, Halder se rió y ella acabó despidiéndose entre risas, a lo lejos.

- ¿Todavía sigues aquí? – rió al volver a mi. – Suponía que te habrías largado haciendo volar esa falda tan corta que tienes.
- Yo estaba aquí antes. – dije, sentándome a su lado, guardándome toda la rabia. – Y si no te gusta mi compañía… ya sabes dónde puedes irte, que seguro que te echan de menos allí. – sonreí, de esa manera con la que él terminaba todas sus frases cuando intentaba dejar algo entre líneas.
Él entrecerró los ojos y se quedó con ese gesto escéptico y guasón que Dios le había dado. Me daba igual. O de eso intentaba convencerme.
- Me sorprendes, Reed, me sorprendes. – murmuró entre dientes. Era increíble cómo a veces se podía mantener una relación más o menos cordial con él, “de buen rollo” y otras veces… volvía a tener esa fachada que mostraba a todo el mundo. Siguió allí, callado, yo sin hacer nada más sacar la manzana que reservaba para las medias mañanas, ignorando que estuviera allí. O al menos, intentándolo.

Al rato él se levantó, y sentí como se iba el peso de sus ojos de encima de mí. Fue un alivio… momentáneo.
- Dile a tus super-duper amiguitos que no vas con ellos esta tarde a la fiesta infantil. – chasqueó los dedos. – Porque vas a venir conmigo, vamos a tener una profunda e intensa conversación toda la tarde, Reed. Y da igual que te escondas, sabes que te encontraré. – sonrió. – Y no te preocupes, ya llevo yo los pañuelos.

Me cogió desprevenida.
No pude articular palabra, porque antes de que me diera cuenta ya se había ido.




ava - 2009-04-02

[······························]

- Una fiesta en Hogsmeade, ¿eh? – le comenté con tranquilidad al Gryffindor. Estábamos en los terrenos, después de comer, en un lugar alejado de la mano de dios, perfecto para que si alguien te veía, te veía hablar, pero lo suficientemente lejos como para ver si alguien se te acercaba.
- Sí, nos avisaron a todos en clase. –contestó Alex.- Ya sabes, todas las casas menos Slytherin. –me guiñó un ojo mientras se reía. Después su rostro se tornó serio y dejó escapar un leve suspiro. –Si te soy sincero, no sé si ir.
- ¿Por qué? Te han invitado, ¿no? Ya quedaremos otro día tío, por mí no te preocupes. Aprovecha que hay una fiesta y puedes ir.
- No es por eso. –le mire, arqueando una ceja. Ya claro, y yo soy tonto, ¿no? – Esta bien, no quiero hacerte de menos frente a esto, ¿ok? Últimamente intento hacer bien las cosas y por eso le doy demasiadas vueltas. No quiero joderla otra vez, ¿sabes?
- Tarde o temprano cometemos errores, no somos perfectos Alex. Relájate, aprende de esto pero no estés tan paranoico.
- Ya, pero, sino voy…
- No quieres que se enfaden contigo, ¿verdad? –terminé su frase sonriendo levemente. Este asintió, sentándose en el suelo. Me acerqué a él, sentándome también en el suelo, apoyado en el tronco de un árbol. –Es una posibilidad aunque… no creo que se enfaden, y si lo hacen, la forma en que los veo cambiaría radicalmente.

¿Enfadarse por algo así? Por el amor de dios, ¿tenemos cinco años?

- No estoy lo suficientemente positivo para pensar así. Las cosas no van tan bien como a mí me gustaría y ahora me espero cualquier cosa.
- Bueno, es normal que estés así pero… Si la vida no te sonríe, hazle cosquillas. ¿no? –Se me quedó mirando, bastante serio.
- Tío, ¿de dónde te has sacado eso?
- Mi madre lo repite mucho, pero tiene bastante sentido, ¿no? –le comenté con tranquilidad.
- La verdad es que algo sí. –asintió el rubiales.
- Vete un rato a la fiesta, intenta pasártelo bien. Y si no es así, yo tengo que hacer unas cosas en Hogsmeade, así que me buscas y ya improvisamos algo, ¿te parece?
- ¡Señor! ¡Sí, Señor! –exclamó Alex con cierta gracia al sonreír.

La verdad es que… estas cosas te hacen pensar. Aunque no lo parezca, sobre todo si uno se encuentra fuera de aquí, hay gente que da mucha importancia a lo que “los populares” hacen o no hacen. Si se van con este, con el otro o ha estado con aquel. ¿Acaso no tienen otra cosa más importancia para hacer que meterse en las vidas ajenas? Y quizás en cierto modo sea así, pero quizás, por otro lado, solo quieran ser uno más de esa élite de populares…

Después de esto nos separamos, cada uno por su camino. Yo, por ejemplo, me fui a mi sala común (¡ni que me fuera a otra ajena!), a recoger algo de dinero y un par de cosas. Tengo mono de Honeydukes… y quizás vaya a Tiros Largos o a Zonko. Escuché como la puerta del dormitorio se abrió de golpe. En un principio pensé que podía ser alguno de mis ruidosos compañeros. Pero no, ni mucho menos. Encima de mi cama estaba sentada una Slytherin de cabello oscuro que conocía bastante bien y que, para no perder costumbre, entraba sin avisar.

- Cualquiera que te viera venir así pensaría que vienes para algo más que hablar, ¿sabes?- la comenté con cierta tranquilidad a Ambra.
- ¡Pues claro! ¿A qué crees que he venido, si no? -bromeó, se echó a reír a la par que se abalanza sobre mí efusivamente- ¿Qué tal todo, Yoe~l?
- Como siempre. –me encogí de hombros instintivamente. La verdad es que últimamente todo es bastante normalito… -Demasiado… -¿Y a ti? Supongo que todo bien, ¿no?
- ¡Todo perfecto! Preparada para que me acompañes a Hogsmeade. –la cantarina voz de Ambra dijo esto con cierta… ¿felicidad? No sabría explicarlo concretamente, pero sí, daba la sensación de que al parecer, no tenía otra cosa más importante que hacer… ¡Rayos!
- ¿Quién te dice que no tengo planes para Hogsmeade? – Y en teoría los tengo, o bueno, posible plan o intento de plan…. Vamos, que sí tengo intención de hacer algo.
- ¡Claro que tienes planes! Te vas conmigo, Yoel, ya me lo prometiste... -se quedó pensativa. Ambra, ¿qué fumas? Deberías de dejarlo, ¿eh?- ...en mis sueños, vale, ¡pero lo hiciste! Y ahora me vas a acompañar porque sabes que te lo vas a pasar bien conmigo y te mueres de ganas.
- En tus sueños…- me reí y arqueé las cejas. Parece que estoy hablando con una niña de cinco años. – Te cedo la mitad de la hora de Hogsmeade, ¿te parece?
- ¡¡Bien!! –me abrazó con fuerza. Sí, definitivamente, como una niña pequeña- ¿¡Sabes que hay novedades en Zonko!? ¡Y artículos a mitad de precio! ¡Me voy a gastar toda la paga de mis tíos, já! ¡Va a ser genial, Yoel, va a ser genial!
- Por supuesto, ¿lo dudabas? Si vas conmigo claro…. –la miré con tranquilidad, aunque me callé, un tanto pensativo. -¿Te ocurre algo Ambra? (Nunca está de más preguntar, y con esta chica suelo acertar en algo)
- ¿Eh? Que qué me ocurre... –se quedó mirándome boquiabierta.- Pues nada, no sé. ¿Por qué lo decías?
- No, por nada, tranquila. –negué con la cabeza para quitarle importancia. -¿Qué vas a hacer en Halloween?
- Pues... ¿ponerme de firewhisky hasta las orejas? -se volvió a reír de nuevo- No lo sé muy bien. Sólo sé que me lo voy a pasar divinamente...
- Y eso lo sabes porque…
- ¡Porque es Halloween, querido Yoel! Parece mentira que me lo preguntes -finge enfadarse- Fiesta de halloween es sinónimo de pasárselo bien. –Sí, claro, pasárselo bien, llevar un pedo increíble y despertarte con un desconocido/a, vamos, lo que se dice una fiesta de las mejores.
- Pensaba que lo decías sobretodo por tu pareja, pero bueno, eso también me vale.
- Aún no tengo pareja -sonrió- Estoy a la expectativa. ¿Y tú qué?
- ¿Yo? No sé, no tengo muchísimas ganas de ir, pero algo ya buscaré.
- ¿No tienes pareja? -se echó a reír- El guaperas de Yoel McGregor, el que se lo monta con quiensea en los probadores del Tiros Largos Moda, el dueño de los ojos más bonitos de Slytherin ¿NO TIENE PAREJA? ¡Increíble! – Vaya, esto no lo sabía. Mi querida Ambra, si estas intentando conquistarme te va a costar un poco más que eso.
- Ni me hace falta. –puse los ojos en blanco instintivamente – Terminaría el día con una o dos. Pero no me apetece ir de rollo ahora mismo, eso es todo. Además, todos los días Hogwarts parece una fiesta, así que…

Después de todo, ese “hábito” de cada día estar con una distinta llega a cansar un poco… En primer lugar, por el simple hecho de que, tarde o temprano se acabarían las chicas (porque, quien se tire a tooodas sería un puto en tora regla y claro, no es el mundo real, en Hogwarts supongo que seremos unos doscientos o así) Lo bueno de esa vida es que, por supuesto, te lo pasas genial pero… esas chicas ni te conocen, al menos de la forma en que a mí me gustaría, y no me refiero sexualmente. Solo que… quizás necesite un cambio, aunque sea pequeño.

- Tienes razón -rió por lo bajo, dándome la razón.- ¡Ah, por cierto! ¿Y qué hay de Halder, tú que te llevas tan bien con él? ¿Cuáles son sus planes...?
- Ir a la fiesta de Halloween, por supuesto. ¿Por qué? – No, si al final acertaré y todo con que venía a preguntarme algo…
- Oh Yoel, qué listo que eres, por Morgana -frunció el ceño- Quiero decir, tendrá pareja, ¿no? No me lo ha querido decir en clase de Pociones...
- Oh Ambra, que tarde lo pillas. Ya sabía por dónde iban los tiros, pero prefería que me lo dijeras tú directamente. –me reí y sonreí a la vez, incapaz de aguantarme. Niego la cabeza levemente.
- Bien, Yoel, acabas de ganarte una rana de chocolate -dijo irónicamente- ¿Me vas a contestar o no?
- Si te contestara… ¿Qué ganaría yo a cambio?
- Vamos, no me jodas, Yoel -subió el tono de su voz, como advertencia. O si no, ¿qué?
- ¿Qué? –me reí con cierta inocencia. -¿Tanto te interesa? Bien, veamos, habéis hablado en pociones y te lo ha pedido o algo así, o tú quieres pedírselo.
- ¿Eh? -pone cara de extrañada.- Él no me lo ha pedido...
- ¿Entonces? – la miré, extrañado.
- Yoel, no me pongas nerviosa, por los gallumbos de Merlín -dejó caer un suspiro- Sólo te estoy preguntando si sabes con quién coño va a ir Halder.

Jesús, ¡cómo podéis llegar a ser las mujeres!

- Ay… -dejé escapar un suspiro. –No, no lo sé. – puse los ojos en blanco.
- Ya -puso ella también los ojos en blanco; joder, ni que te estuviera mintiendo, no-lo-sé. - Debí imaginármelo
- Qué, ¿quieres que suba a su dormitorio y se lo pregunte? –me reí, intentando aligerar un poco la tensión. Venga, no te mosquees anda.
- Prefiero quedarme en tu dormitorio, gracias -bromeó- Aunque sería todo un detalle por tu parte.
- Entonces dime, quedando esto entre nosotros, el interés es porque quieres ir con él o algo por el estilo, ¿no?
- Bueno... –se rió. - Es que no lo sé. Tal vez será por simple curiosidad, o puede que sí que quiera ir con él... no sé.
- Y qué prefieres, ¿que vaya a preguntarle? Porque se olerá que viniste a hablar conmigo, no es tonto.
- Euh, no, gracias. ¡En serio! Tampoco es que me importe en exceso -se rió- Y tú ya me imagino que tendrás alguna presa pensada para la noche de Halloween.
- Alguna encontraré. –me encogí de hombros. – Sino, no creo que te pase nada por bailar conmigo un rato.
- ¡No creo! -estalló en una sonora carcajada.

Solo espero que el día acabe bien, sin que no ocurra… bueno, mejor ni lo pienso, que si no se va a joder todo. Pero bueno, por un deseo positivo no creo que ocurra nada.


yoel - 2009-03-30

[······························]

Me gustaban los viernes, más que cualquier otro día de la semana. Estaba segura de que sería el día favorito de muchos, pero esa sensación de salir de clase y no tener nada más que hacer….¡molaba un montón o más!

Esperé a Devon en el sitio de siempre, sentada (o espatarrada, pero qué más da) al pie de las escaleras del pasillo del cuadro de Lord Clayton-sin-un-ojo. El tío era bastante enrollado y contaba muchos chistes de tuertos bastante bestias a veces, pero supongo que me hacían gracia. Aunque últimamente estaba rallándose un poco…

Llegué un poco más tarde de la cuenta. Me pareció raro que te cagas que Devon todavía no estuviera allí. Pero en fin, nunca podía saber en qué onda de frecuencia estaba flotando Dev, así que seguí allí un rato más (Lord Clayton-sin-un-ojo se había ido al cuadro de su vecina y amiga Daisy Ocho Dedos) hasta que unas voces masculinas poco amigables me sacaron del aburrimiento.

Eran dos lenguas bífidas frente a un Ravenclaw asustado.
Por su cara diría que muy, muy asustado.
- ¿Se puede saber qué hacen dos serpientes tan lejos de su antro oscuro y feo? – salté entre ambos, mirando con desaprobación a Halder feat. Everglot, Slytherins de nivel siete lo menos. No me sonaba la cara del pajarito, pero era más pequeño que yo y tenía unas gafitas que le daban aire de empollón.
- Qué ¿no tienes ojos?- el moreno Everglot levantó la cabeza, y pensé que me estaba mirando un sitio donde no debía, pero sólo se fijaba en la insignia de mi casa. Fruncí el ceño. - Estamos jugando con nuestro pequeño amigo, ahora si nos disculpas, no queremos leoncitos en el acto 2- intentó mantener un tono calmado, pero a la vez llevó la varita al cuello del empollón y éste empezó a sudar la gota gorda. Literalmente.
Sentí a Devon llegar por detrás, pero se quedaría estoicamente al margen, como la gente normal, dirían muchos. Summerbee es una temeraria ¿lo sabíais?
- ¿Te están molestando? – pregunté a voces al niño.
No contestó.
Pestañeó. Y nada más.
- ¿Cómo vamos a estar molestándolo? – contestó Halder, cuya vida debía ser un continuo chiste porque siempre estaba riéndose, sonriéndose o una cosa intermedia entre ambas. Me preguntaba a veces si alguien le había dicho alguna vez a Liam Halder que era un puto pedante. Miró al Ravenclaw, exigiéndole algo que no escuché porque estaba demasiado ocupada pensando en diversas formas de matarle.
- Si somos colegas desde siempre, ¿no se nota?
- Claro, éstamos dandole una lección de pociones. ¿No es cierto?- le secundó Everglot, obligando con una mirada amenazante al chico a responder algo. Asintió. Tragó. Y no hizo nada más.
- A mi me parece que está más asustado que complacido… - la voz de Devon se alzó entre el silencio que había seguido a Everglot. Ésa es mi chica.

- ¿Por qué no le dejáis en paz? – miré a las lenguas bífidas indistintamente, como en un partido de tenis. Tenía las manos puestas sobre las caderas, cosa que hacía sin darme cuenta a menudo. Ellos se miraron con fastidio. A la gente no le gustan las preguntas fastidiosas. A mi no me gusta la gente que se dedica a fastidiar a los demás.

- Pequeña ¿Qué no te enseñó tu madre sangre sucia a no meterte en los asuntos ajenos? –llegó hasta a mi y me tocó la barbilla. Intenté apartarme. No pude, pero él me soltó inmediatamente después. - Y ¡rayos mujer! Ya pasó la época prehistórica, acóplate con preguntas inteligentes.- No supe si me dio más rabia su tono calmado o su cara de condescendencia. O que me llamara sangre sucia.
No me avergonzaba de ser lo que era.
- ¿Quién te crees que eres tú para tocarme de esa manera? – Ellos se habían dado la vuelta, y no parecían hacerme más caso. Miré a Devon en busca de… de algo. Pero se limitó a mirarme y a seguir manoseando sus chocolates - ¡Te estoy hablando! Bueno, ¡a los dos! ¡Dejadlo en paz, joder ya!
Estuve por arremeter contra ellos. Pero no lo hice. No podía perder más puntos para Gryffindor, no por mi culpa. Apreté los puños. Y las mandíbulas.
Liam me miró de reojo, con esa sonrisa suya. Odiaba a la gente que sonreía tanto. Me inspiraban desconfianza, no eran gente transparente. Esconderse tanto en un gesto supuestamente amable… escondiendo tanta maldad. Gilipollas.
- Agradécele a Santa Catalina y acompañante tu hipotética… liberación. – se había dirigido al Ravenclaw, levantando su brazo tan alto que casi pude escuchar el crack que hizo el hombro del chaval. “Liberación” sonó como pura mierda en su boca.
El chaval debía ser también un poco tonto, porque yo ya habría puesto pies polvorosa en su lugar (bueno, mentira, no: imprudencia era mi segundo nombre).
- Eso... fue divertido. Pero va a ser más divertido ahora.- Everglot fue despacio hasta Devon, tan ensimismada, que sólo se dio cuenta de lo que estaba pasando cuando él tenía sus chocolates en la mano y los tiró al suelo, unos metros más allá de dónde estábamos. Sonrió. Los Slytherin siempre sonríen. - Halder, éstas dos no están naaaaaada mal.- Hizo un amago de risa.
Estaba riéndose de nosotras.

Los murmullos de Devon y las risas de las lenguas bífidas me estaban poniendo enferma. El chaval de Ravenclaw se había alejado prudencialmente y estaba a punto de salir a correr. Quería romperle los dientes a Ken y Barbie, tirarle del pelo o reventarles la nariz. La violencia física era más satisfactoria que las varitas a veces… crují los dedos de la mano.

Realmente sabía que no tenía nada que hacer.

Halder hizo una seña de aburrimiento.
- Ya está, Luka.- chasqueó la lengua.- No vamos a perder el tiempo con eso, no es de nuestro interés. - el plural de su frase sólo se refería a él mismo, estaba segura. Nos miró y guiñó un ojo.

Cuando se dio la vuelta, le dio una colleja tan grande al Ravenclaw (todavía seguía allí, qué idiota) que el niño gritó. Supuse que Everglot también volvería a la cueva, para salir camino de Hogsmeade en breve… pero realmente me daba igual lo que hiciera, porque imité al Slytherin rubio marchándome con Devon a toda prisa de allí.


Out: Ri, he hecho lo que he podido para postear esto tal como estaba aunque haya sacrificado a Alexei. Perdonad todos lo precipitado y confuso del post, sobre todo al final, pero no tengo herramientas literarias, tiempo ni inspiración xDDD

pam - 2009-03-29

[······························]

- ¿Por qué no le dejáis un poco en paz?- inquirí, mirando con el ceño fruncido a mi hermano y a Ewan.

Mientras esperaban el tiempo necesario para no ser ni muy puntuales ni unos tardones, se entretenían picando a Will, quien se picaba con creces una y mil veces. A veces mi preguntaba si no disfrutaba él también. De vez en cuando se le escapaba alguna que otra sonrisa, y no me consideraba tan paranoica como para imaginármelo.

- Pero si en realidad le gusta.- arqueé las cejas. ¿Gus sabía leerme el pensamiento?
- A ti te gusta que te toquen los cojones, al resto de la humanidad no tanto.
- ¿En serio?- tardé unos segundos en comprender a que se refería.
- No hablaba literalmente, imbécil.- se echó a reír.
- Vaaale.- alargó la “a” como si fuese un niño pequeño y vino a sentarse a mi lado.

Me levanté y salí de la Sala Común, oyendo los quejidos de mi hermano sobre mi insensibilidad, para esperarles cerca de los carruajes. Tanta testosterona empezaba a asfixiarme.
Travis me esperaba al final del pasillo, apoyado en la pared. Levanté la mano en señal de saludo, con las cejas arqueadas. No solía acercarse al nido de los leones por un motivo que empezaba por “W” y solía terminar por “ill”.

- Hey.- me saludó cuando llegué a su lado.- ¿Dónde está tu hermano?
- Tocándole la moral al tuyo.- gruñí. Arqueó las cejas.- Creo que está bien. Tengo la teoría que lo disfruta.
- ¿Gus?
- Tu hermano.
- No sabía que le dieran venazos masocas.- entonces fui yo la que arqueé las cejas. Antes de que pudiera preguntarle que cómo iba a saber algo si no hablaba con él, sonrió. Sonreí con cierto cinismo y miré hacia otro lado; otro que lo solucionaba todo sonriendo.- Ayala, tengo una pregunta.
- Oh, el ravenclaw más listo ha venido a preguntarme algo. Dispara.
- ¿Will va a ir a Hogsmeade?
- Sí, más concretamente a la famosa fiesta.- nos quedamos en silencio.- ¿Tú también?- asintió.- Y no quieres que te vea.- volvió a asentir, sonriendo como si nunca hubiese roto un plato y con cierto pesar.- Y qué vas a hacer, ¿enterrar la cabeza en el suelo, como un avestruz?
- No había contemplado esa idea, pero no es mala del todo.
- No sé como pretendes que no te vea.- insistí.
- Con que no me vea demasiado está bien.- miró por encima de mi cabeza.- En fin. Me voy a recoger a mi acompañante.
- ¿Te has echado novia?- pregunté. No había oído nada.
- Sí, Edward Bryce, no lo sabías?- me reí y rodé los ojos, dándole un puñetazo amistoso en el brazo.

Iba a replicarle algo acerca de los corazones rotos que causaría esa noticia, pero un grito me distrajo. Ambos nos quedamos callados, expectantes por saber si seguirían más gritos a ese primer grito.

- ¡Iros a la puta mierda, cojones!- Era Will, aun lejos, pero no tan lejos como para pasarme desapercibido el par de carcajadas que siguieron a la frase. Reprimí un suspiro.

- Por cierto, Ayala.
- ¿Si?
- Dile a Will que no suelte tantos tacos.- sonrió
- Pero si es un encanto- me reí.

Miré hacia atrás para ver desde dónde me llegaban sus gritos, y cuando apareció Will con cara de pocos amigos, seguido del dúo dinámico, Travis había desaparecido.
Suspiré.

- ¿Por qué no le dejáis tranquilo una puñetera vez al año, al menos?- inquirí.
- Ya lo hacemos.
- Y yo que me lo creo…- sonreí cínicamente.- Es más alto que cualquiera de los dos, un día le vais a cabrear de verdad y os hundirá la cabeza en el suelo.
- Ayala, a estas alturas deberías saber que lo importante no es la altura, es el tamaño.

Sonrió de medio lado mientras Ewan soltaba un par de carcajadas. Cuando los tuve a mi altura, le di una lapa a Gus, que se frotó el cuello, dolorido.

-¿Por qué a Ewan no le dices nada?- preguntó, indignado.
- Porque soy más guapo. Además, ¿te recuerdo que soy su pareja para el baile de Halloween?- esta vez le toco a él sonreír con una de esas sonrisas que dejan sin respiración (y sin bragas) a medio colegio. Gus frunció el ceño, cerca de la indignación.
- Jódete.- interrumpió Will.

Mientras veía a mi hermano empezar a vacilarle de nuevo, me pregunté por que eran tan incapaces de callarse cuando debían estar callados. No tan sólo eran incapaces guardar silencio, probablemente les era imposible físicamente. La boca abierta ante todo.
Rodé los ojos y eché a andar. Ewan caminó a mi lado, con un cigarrillo preparado entre los dedos.

- Es increíble como ha corrido la noticia de boca en boca, casi tan rápido como si se tratara de un rumor relacionado con mi persona.
- Creo que más rápido, incluso.- sonrió de medio lado.- Van alumnos de todas las casas menos de Slytherin, creo.
- Paso de ir, entonces.- gruñó Will, deteniéndose en medio del pasillo.
- ¿Cómo que pasas de ir, mequetrefe?- se me adelantó Gus, sin demasiado tacto, como siempre.
- No seas maleducado, tío.- añadió Ewan.
- Te has comprometido.

Por un momento dudé de si realmente yo era su gemela y no Ewan. Esa manera de complementarse el discurso era propia de los gemelos de películas muggles.
Miré a Will. Probablemente había relacionado “todas las casas” con Ravenclaw, y, por consiguiente, con su hermano.

- Que paso, coño.- siguió gruñendo.- Tampoco me echarán en falta.
- Yo sí te echaré de menos.- Gus hizo un puchero.- Si hay alguien que no te guste, le pateamos el culo y listos.
- ¿Patearás el culo a Randolph?

No hubo bromas.

- Todo es negociable.- sonrió mientras le rodeaba los hombros con un brazo.
- Eh, mariconadas las justas.- volvió a gruñir el pseudopunk, cigarrillo entre los labios e intentando apartarse.

Y vuelta a empezar.
No pude evitar suspirar.

* * *

Encontramos a Nora cerca de los carruajes. Cuando nos vio, empezó a hacer señales con los brazos para que nos acercásemos.

- Qué prefieres, ¿que te salude de cara o de culo?- le preguntó mi hermano, pasando por su lado de perfil.
- ¿Prefieres que te salude con los labios o con el puño?- Gus sonrió, abriéndole la puerta del primer carro que se puso a tiro.
- Con mucho amor me conformo, aunque lo de los labios no está nada mal.

Tal vez como recompensa por su incansable buen humor, o porque era Gus y se le consentía más que a la mayoría, Nora le dio un beso en la mejilla, seguida de un capón.

- 10 puntos más para Hufflepuff.- me reí.

Me aguantó la puerta caballerosamente para que entrase mientras se frotaba el cogote, y, finalmente, entró él. Will, desde el otro lado, gruño que tantos no cabíamos, pero mi hermano lo soluciono sentándose encima de Ewan.
El viaje estuvo lleno de “Cariño, ¿eso que me está pinchando el culo son las llaves o es que te alegras de verme?”, risas y mucho jaleo, como no podía ser de otra manera. Está vez, pero, no sólo era el dúo dinámico, también se les unió Nora y su particular humor.

* * *

En Hogsmeade nos juntamos con unos cuantos más y, a la hora señalada, nos dirigimos hacia el local. No se veía a Travis por los alrededores, así que supuse que había encontrado una buena manera para esconderse, o su princesa se estaba arreglando el maquillaje y aun no había llegado. Fuera como fuese, nos fuimos sin él y llegamos al destino aun sin él.
El local era muy muggle, como se encargó de señalar felizmente Will, sintiéndose en su salsa. Las paredes eran de un estampado moderno pero sin resultar fuera de lugar, las mesas redondas y blancas y las sillas aparentemente de lo más cómodas.
Cuando me giré para observar la barra, esta ya estaba siendo asaltada por más de la mitad del grupo.
Rodé los ojos y le pedí a Harriet que me pidiese algo, a lo que accedió silbando por lo bajo.

=OUT=
Ya hemos llegado, party time. Ha sido un día productivo xD.

ayala - 2009-03-22

[······························]

Las siguientes horas después de convertirme en un invitado oficial al evento de la semana pasaron sin pena ni gloria, como debía ser. Las revoluciones se las dejábamos a los alumnos de sexto o, directamente, a otras casas.

Por suerte para mi, después de comer no tenía clase, así que me tomé mi tiempo para engullir todo lo que los elfos de la cocina habían preparado.

- Nunca entenderé por qué estás tan delgado si comes como un cerdo.

Aun con la cuchara en la boca, giré la cabeza para mirar a Harriet, sentada a mi lado. Su plato estaba vacío, si es que alguna vez había estado lleno, y me miraba con esa expresión tan suya, de me importa una mierda todo, pero sigo existiendo porque también me importa una mierda.
Tragué lo que tenía en la boca, arqueé una ceja y sonreí.

- Yo no como cómo un cerdo, simplemente como.
- Si comiera lo mismo que tu, creo que tendría que hacerme el uniforme en una tienda especial de tallas grandes.
- ¿Lo has probado nunca?- inquirí.
- No, gracias.- arrugó levemente la nariz, tan levemente que podían ser imaginaciones mías.
- Pruébalo alguna vez, es mejor que fumar diez cigarros al día. No terminas con cáncer de pulmón.- puse cara de sabelotodo; ella siguió sin poner cara de nada.
- Es mejor morir con el estómago petado.

La miré de reojo y volví a sonreír. Si no la conociera desde hacía unos cuantos años, su cinismo me habría pasado completamente desapercibido.
Me bebí los cuatro sorbos que me quedaban de agua y me di un par de palmadas en el estómago.

- Hoy probaré yo lo de no morir con el estómago petado. Mañana prueba tú a comer más y a fumar menos.

Miró hacia arriba y se despidió de mi con un “Lo que tu digas”. Me reí, recogí los libros que había apilado al llegar y me encaminé a la Sala Común de Ravenclaw, llena de estudiantes leyendo, jugando al ajedrez o practicando. Seguramente nuestra Sala Común era una de las más activas, si eso era digno de considerarse actividad.
Antes de poder llegar a mi habitación tuve que arreglar una silla que se habían cargado los pequeñajos cuando intentaban hacerla levitar, tranquilizar a un cuadro de las escaleras que juraba haber visto entrar un chico en el dormitorio de las chicas, y pasarle mis apuntes a una chica de cuarto, aunque no sabía muy bien para que los quería.

En la habitación sólo estaba el capitán del equipo de Quidditch con una revista de su deporte favorito por encima de la cara.

-Hey, Edward.- le saludé mientras dejaba los libros cerca de la primera mesa que encontré y me sentaba en mi cama. Como única respuesta me llegó una especie de gruñido procedente de la revista.

Me pregunté si creía que durmiendo con una revista en la cabeza le haría ser mejor jugador de quidditch, y me dejé caer hacia atrás. Me vino de un pelo que la cabeza no me quedase colgando como los pies, así que me giré un poco para tener más apoyo.
Cerré los ojos para intentar echar una cabezadita, pero sabía que sería imposible. Casi sin darme cuenta, dejé de lado ese propósito y empecé a pensar en lo que podía hacer antes de ir a Hogsmeade. La inactividad no me molestaba, pero tampoco la necesitaba.
Hice memoria, intentando saber cuando empezaba todo el embrollo y, casi al mismo tiempo, me vino a la cabeza la chica de Hufflepuff, Nora, y su petición de que le trajese a un dios griego. Solía cumplir mi palabra, incluso en pequeñeces como aquellas, aunque no tenía ni la menor idea de cual era el tipo perfecto de aquella semana, o al menos de la amiga de Doce. ¿Altos? ¿Bajos? ¿Afeminados? ¿Fornidos? ¿Rubios, morenos, pelirrojos?. Tampoco tenía tiempo para hacer un estudio exhaustivo, así que me levanté un poco y me apoyé en un codo, mirando a mi compañero de habitación.

- Edward, ¿eres guapo?
- ¿Gñgrh?
- Que si eres guapo.- se apartó la revista de la cara con un gesto rápido y me miró.
- ¿Te parezco guapo?
- …No lo sé.- tuve que pensármelo. Pelo corto negro, ojos grisaceos, deportista, supuestamente inteligente y abierto a todo tipo de gente, tan abierto que podría considerarse un poco salido. Si todo eso junto le hacía guapo, lo desconocía. Nunca le había mirado con esos ojos.- ¿Sabes recitar las tres leyes de Ocya?
- ¿Qué relación tiene eso con ser guapo?
- Tampoco lo sé.
- ¿En serio eres tan listo como dicen?
- Muy gracioso.- le dediqué una mueca, a la cual correspondió con otra.- Son requisitos que tienes que cumplir para serme de ayuda.
- ¿Quiero ayudarte?
- Hay faldas de por medio.
- Entonces quiero ayudarte.- me reí.
- Pero aun no sé si eres guapo.- se enderezó e intento hacer una sonrisa a lo Chambers, con bastante poca gracia.
- Lo soy.

Fingí estudiarle con detenimiento. Tal vez sí era guapo. Y si no lo era demasiado, esperaba que el local estuviera a oscuras.

- Bueno.- le concedí.- pero no hagas nada raro.
- ¿Raro?
- Meter mano, sobar, arrinconar, volverte un obseso sexual…
- Que tú no lo hagas no significa que sea raro.
- Joder, que gracioso estás hoy.- sonrió de medio lado mientras se frotaba las uñas contra el jersey.- Si tienes ganas de tocar algo, tócate a ti mismo o a alguien que te de su consentimiento.
- Pareces un viejo puritano.
- Tú no lo pareces, tu eres un adolescente salidorro.
- Cállate, viejo.
- Marrano.- Me dedicó un corte de mangas y volvió a ponerse la revista encima de la cabeza.- ¿Sabes que eso no te hará mejor jugador?
- Qué cabrón.- se rió.

Volví a echarme en la cama. Si el fornido Edward Bryce no le gustaba, siempre podía pedirle perdón e intentar recompensarla de cualquier otro modo.

travis - 2009-03-22

[······························]

El tema de la “fiesta” se había extendido con bastante rapidez. Se había convertido en el entrante, para ir haciendo boca mientras esperábamos Halloween. Probablemente debido a eso y a algún que otro inepto de por si, los hechizos de la clase de Encantamientos se habían quedado en meros intentos, pero eso sólo parecía importarle al jefe de nuestra casa.

Al salir, Taylor Gates se me enganchó cual lapa simplemente por el placer de cotillear, pero no sabía muy bien de qué y por qué me había escogido a mi. Se pasó todo el camino hacia el Gran Comedor hablando de Halloween, de la “Lista de Potentorros Oficiales”, y de mil cotilleos –bastante estúpidos- más. Si algún prejuicioso la hubiese oído, habría jurado que era de Hufflepuff.

El bullicio del gran comedor la acalló un poco, 5 minutos, exactamente, que fue lo que tardó en examinar todas las mesas, apuntarse mentalmente quien hablaba con quien y acordarse del tema estrella.

- ¡Tía!- chilló. Dejé de tener la vista perdida en la mesa de ravenclaw, deseando poder sentarme, y la miré.- ¿Vas a ir a la fiesta en el local muggle ese?
- Ahá.

Empezó una extensa perorata acerca de quien iría, como iría, por qué iría, por qué no, y mil sandeces que no escuché. Lo único que quería era sentarme, no estar de pie al lado de la puerta del Gran Comedor, esperando Merlín sabía qué. Por suerte, encontré algo con lo que entretenerme.
No sabía de dónde había salido, aunque si se lo preguntaba a Gates seguro que me lo diría. En cualquier caso, me daba igual. Lo interesante era lo atentamente que parecía seguir la conversación. Él, todo un slytherin de sexto, marujeando como cualquier vecina del cuarto. Apenas llegué a escuchar vagamente el “¿Harriet?” de Gates. Era mil veces más interesante contemplar a ese espécimen que escucharla. Todo era más interesante que escucharla.

- ¿Eres bizca o te has cegado por la belleza que desprendo?- le vi abrir la boca, pero no pensé que se fuera a dirigir a mi. Logró que mi compañera se callase de golpe, cosa que le hubiera agradecido si no hubiese demostrado, con apenas diez palabras, que era tan interesante como ella.
- Me he quedado bizca por la belleza que desprendes.- lo dije con parsimonia, casi con desgana.
- Tranquila, le pasa a mucha gente.
- Entonces es mejor que dejes de mirarte al espejo.- por el rabillo del ojo podía ver como Gates nos miraba, probablemente con mil preguntas del tipo “¿Se conocen?¿Desde cuándo?¿Esas pullas son debidas a que han tenido mal sexo?” cruzándole la mente.
- ¿Para que te mires tú? Encantando, quizás así aprenderías a sonreír o algo.
- Sonreír siempre lleva a ideas equivocadas, así que me limito a ser honesta y practicar mi no-expresión delante del espejo cada día. Lástima que me haya vuelto bizca y no pueda hacerlo más.- arqueé una ceja lentamente.
- Espero que te diviertas practicando cómo tener expresión de estreñida, entonces

Se dio la vuelta y se fue a su mesa, visiblemente satisfecho consigo mismo.
Gates tardó una fracción en cogerme del brazo y atacar con su metralleta de preguntas, empezando por si sabía quien era ("¿¡Sabes quien es Nathan Ross!?"), a la cual respondí negando con la cabeza y encaminándome, al fin, a mi mesa.

- ¿Un gilipollas con corbata verde?

* * *

Apenas pasaban diez minutos de las seis cuando salí del castillo y me dirigí al primer vehículo que apareció en mi campo de visión. No me hizo falta esquivar a los ilusionados alumnos de tercero, ni a los emocionados por la fiesta improvisada en el local muggle. Solían apartarse ellos, y aunque sabía que lo hacían por mi supuesta cara de pocos amigos, no me importaba demasiado; así era más fácil llegar a los sitios.
Subí al carruaje sin mirar quien iba dentro, me senté y me crucé de piernas, acomodándome cuanto pude. Me quité el abrigo negro de botones enormes, me coloqué bien la camisa a rallas azul marino y blancas, me desabroché los dos botones superiores, como era tenía por costumbre, y me limpié la tierra de la punta de los zapatos negros –está vez con unos tacones no muy pronunciados-. Cuando noté que empezábamos a movernos, dejé de hacer lo que estaba haciendo y levanté la vista, encontrándome con una chica de pelo castaño que me miraba, curiosa. Me enderecé un poco, crucé los brazos en el regazo y le devolví la mirada. Volvió a mirarme los zapatos y sonrió. Empecé a ubicarla dentro de la lista mental de alumnos que tenía.

- ¿Tú también vas a lo del local muggle?
- Ahá.- asentí. Empezaba a cogerle gusto a lo de responder lo mismo a la misma pregunta.- Como medio Hogwarts. Incluso los ravenclaws nos tomamos un respiro de vez en cuando.
- Os lo merecéis.- se rió.
- Los Gryffindors también, Pamela. Tanta valentía en un cuerpo tan pequeño debe ser agotador.- casi en el mismo instante de pronunciar su nombre puso cara de terror.
- Pam, llámame Pam.- asentí con la cabeza y volvió a su estado normal. Se recostó en el asiento.- Creo que se ha apuntado bastante gente.
- Es un mini Halloween improvisado y sin tener que ir con pareja.

Asintió y suspiró. Era imposible mencionar Halloween y no oír algún suspiro. El suyo fue un suspiro excepcional.

- Hablando de Halloween…- dejé de mirar por la ventana y la observé.- Me preguntaba si… ¿eres la pareja de Chambers para el baile de Halloween?- me sorprendió su rapidez a la hora de enlazar conceptos: fiesta con halloween, halloween con pareja, pareja con Gus, y Gus conmigo, por ser su última pareja de Hogwarts. Algo me dijo que la pregunta le rondaba por la cabeza desde que me había visto entrar.
- No.- arqueé levemente una ceja.- ¿Es alguna clase de nuevo chismorreo?
- No, o al menos yo no lo he oído. Pero el año pasado sí lo fuiste, y…
- El año pasado salía con Fergus.- asintió, un poco ausente. Sospechaba que aun tenía una última pregunta.
- Entonces, ¿sabes si tiene pareja?

No era mi intención hacerla esperar, pero tuve que pensármelo. No todas los ligues/polvos/exs de Fergus se mantenían en contacto con él, y, aunque ese no fuese mi caso, no prestaba demasiada atención a la parte de su vida relacionada con las féminas. Además, era un tema que no me interesaba demasiado, así que no había prestado mucha atención a los típicos “Sabes quien va con quieen?”.
Me rasqué la frente con la punta de un dedo. Me sonaba que se le había relacionado con una Hufflepuff, pero eso era anterior a todo el rollo del baile. Tal vez iba con su hermana, aunque dudaba que Ayala le concediera ese privilegio. ¿Con Scott? Ya lo había hecho una vez.

- No lo sé.- dije al fin, encogiéndome de hombros.- Tal vez deberías preguntárselo a…- a Alanis. Algo hizo “clic” en mi cabeza y me iluminé. Sí había oído con quien iba Gus.- De hecho, mejor no. Va con Alanis Edgeworth.

Entreabrió la boca y volvió a cerrarla. Me dio la impresión que se deshinchaba, pero no parecía una de esas niñatas arrogantes que a esas alturas aun creían que el gryffindor se plantaría delante de ellas y les declararía amor eterno, o al menos les pediría ir al baile. Seguramente ya se lo suponía.

- ¿No tienes pareja?- era una pregunta estúpida, pero la experiencia me decía que, en situaciones como aquellas, ayudaban. Negó con la cabeza, casi frustrada.- Puedes ir sola.
- Ir a un baile de parejas sin pareja no es exactamente la mejor opción.- se rió sin ganas.
- Fergus no es el único chico de Hogwarts. Cualquiera querría ir contigo.
- Pues nadie me lo ha pedido.- replicó con una media sonrisa en la cara.
- Aun.

Volvió a reírse un poco y empezó a mirar por la ventana.
Nunca le había visto la importancia a lo de las parejas. Recordaba vagamente los anteriores Halloweens. Había asistido a todos, pero no siempre con pareja. Eso era lo de menos, lo importante estaba en saber qué tenía alcohol y qué no. Todo lo demás era un añadido, aunque tenía que reconocer que ir con Fergus le daba un toque distinto al asunto.
Negué con la cabeza y suspiré.

- Pam.- la llamé.
- ¿Mh?
- ¿Te has fijado en los carteles que anuncian el baile?- asintió.- ¿En algún cartel pone que las parejas tienen que ser mixtas?
- Creo que en ningún sitio.- replicó, después de pensárselo un poco.
- Exacto.- me miró, entre confundida y extrañada- ¿Quieres ir conmigo al baile?

Por la expresión que puso, estuve segura de que si hubiese estado bebiendo algo, lo habría echado por la nariz.

- No hace falta que renuncies a ir con una pareja para ir conmigo. No estoy tan desesperada.- me pareció percibir cierto tono rosado en sus mejillas. También me pareció escuchar un “joder” al terminar la frase, tan bajo que perfectamente podría haber sido cualquier otro ruido.
- Juraría que sí lo estás, pero no lo digo por eso.- ambas cosas eran ciertas, pero tuve la sensación de que lo primero podía sonar grosero y que debería pedirle perdón por ello antes de llegar a Hogsmeade.- Quiero ir contigo, caprichos de la vida.- me encogí de hombros.- Si no quieres no pasa nada, pero podría ser divertido.

Aceptó, y no sólo eso, me dio las gracias, gracias que no quería porque se lo había pedido de verdad, porque me había apetecido y porque, digan lo que digan, no hay mejor compañía que la de una chica. Pamela, Pam para el resto del mundo, lo era, y de lo más agradable.
Los tíos eran idiotas.

* * *

Cuando llegamos a Hogsmeade, Fergus estaba apoyado en Ewan, y ambos le estaban tocando la moral al pseudopunk gruñón de gryffindor. Ayala les miraba con los brazos cruzados y el ceño levemente fruncido. Cuando nos vio, esbozó una pequeña sonrisa y nos saludó con la mano, saludo al cual correspondimos tanto Pam como yo.

=OUT=
No sé dónde se supone que habíamos quedado, sólo se que la hora era de seis- seis y media- siete, así que me he sacado de la manga que quedaban en Hogsmeade, cerca de donde paran los benditos carros. Alehh
Si hay algo OOC de Pam, dímelo y lo cambio~

harriet - 2009-03-21

[······························]

Considerando un gran triunfo esquivar a esa banda de psicóticas. El único tema, el gran tema del otoño... El baile de Halloween, donde todos incluyendome a mí, asistirán. Pero no estaba interesado directamente en ir con alguien. El pequeño problema es que no estoy, ni estaré interesado en nadie por ahora.
Ya estaba cansado de levitar, dejé a un lado la meiga frita, decidí tumbarme, en serio, al sofá más cercano. ¡Qué día tan agotador! Aún me queda tarea por hacer, para poder disfrutar de un grandioso fin de semana sin hacer nada. Tal y como me encanta.

La sala común estaba algo vacía, no tengo de qué quejarme, es un viernes, me tomo un descanso. Gran parte de mi cuerpo no estaba convencido de querer ir a Hogsmeade, aunque mi estómago estaba totalmente deacuerdo en buscar mis golosinas favoritas. Buen estómago. Mala Voluntad.
Inserté mi mano en el bolsillo derecho con esperanza de encontrar más que algunos sickles, para poder duplicar mi ración de golosinas. Me estaba quedando ciertamente corto. Aquella meiga frita se la tuve que quitar, bueno no usemos esos terminos tan horribles. Lo tomé prestado y sin devolución a un pequeño. Realmente se veía apetitoso.
Admiré otra vez la sala. Desoladamente pacífica. Amo éstas horas del día donde nadie te interrumpe tu descanso, donde nadie podría...
Escuché alguien entrar. Lo que nos faltaba la oveja perdida del rebaño. Sin duda nuestro querido Halder no tenía muchas opciones para desaburrirse y tomaba rumbo hacia mí.

- ¿Quieres que te ayude con el sofá, Everglot? - Se acerca a la cabecera del sofá - Todavía no parece sufrir lo suficiente.-
La envidia es mala. Que casi el 99% de mi cuerpo acepte que estar hechado en un sofá sea 100% nada productivo, no signifique que no me esté divirtiendo.
- No es que no sufra lo suficiente, Halder, es que soy irresistible que no se despega de mí- pasé a cambiar de posición para fulminar con la mirada a Halder, quien había tomado poseción de la mesa más cercana- ¿Celoso?- Tomé entonces el almohadón más cercano y lo acomodé entre mis brazos.
- Me enorgullezco de decir que mi grado de perversión todavía no está a la altura del tuyo, Everglot. ¿Todavía no has hablado con tu terapeuta sobre tu problema con los muebles? –
De pronto sentí un golpe bajo. ¡Por Salazar, Si éste niño hubiera tenido mejor puntería, que habrán sido de mis herederos! Y así Halder seguía con su insistente idea de apartar un espacio del sofá. No, señor. Yo no comparto. Mucho menos si tiene que ver con mi comodidad y salud.

- ¡Aaah!-solté aquel grito, porque el grandísimo Halder había obligado un espacio donde obviamente no lo había.- Gracias por recordarme al terapeuta, también tengo que contarle sobre lo mío con los árboles. Recostarme en ellos ha sido el paraíso últimamente.- Esperé ver su expresión, más o menos la misma de siempre cuando le hablaba de mi amor por los objetos inanimadamente cómodos.- Claro tu no comprenderías de que estoy hablando. Puesto que solamente te gustan las "objetos" móviles con falda, y pocas excepciones con pantalón.- Recalqué muy lentamente la palabra objetos, sólo para verle su expresión, porque de modo grosso así es como las/os trata Halder. Aha, sin excepciones de sexo, edad o tamaño. El sin duda no tiene preferencias. O eso pensaba yo.
Su reacción un tanto placentera, no me causo gracia alguna, así que me permití cerrar los ojos y esperar una respuesta un tanto "Halder".

- Depende mucho de la longitud del pantalón, créeme. – murmuró en plan contemplativo y así sentí su no tan delicados dedos sujetar mi barbilla, demandando la atención que no le estaba ofreciendo. Miré rápidamente mis pantalones, los cuales aún estaban en su lugar. Menos mal. Le sonreí maliciosamente mientras me trataba de sacar parte de mi pantalón que estbaa debajo de su trasero.– Ha dejado de llover. – Afirmó Halder, como si aquel comentario tuviera que ver profundamente con cada retazo de mi ser. Halder no es de rogar. Jamás en los siglos, digo siglos, porque definitivamente pasar un rato con un ser tan genial como mi adoradísimo Halder es como años. Nunca te cansas de él. Puedes hablar figurativamente de cosas que no existen, puedes odiarlo y quererlo al mismo tiempo. Es mi caso, no me molesta. He aprendido a vivir o mejor dicho tratar de coexistir con un compañero como él.
- ¿Y qué esperas que te diga?- le solté aquello con una mirada algo penetrante, luego me acomodé con las manos en mis mejillas y una mirada tierna - Ay si, podemos salir embarrarnos con lodo ¿di que si? querisidimo Li~am- chillé sarcasticamente como aquellas chicas, las que él solía frecuentar.

- Estás mejorando, Everglot. - sonrió con sorna. - Casi puedo decir que eres merecedor de mi amistad pero... no te emociones. - por fín se levantó de mi no tan espacioso sofá. Oh mi adorado sofá... No le iba a seguir el juego de "soy o no tu amigo" esas cosas en verdad, ya paso de ellas. Me miró expectante, como si yo fuese a moverme de éste sitio. Le ofrecí una mirada de: "Tu te levantaste del sofá, no yo." Caso resuelto.
Duró unos cuantos segundos la batalla de miradas, hasta que por fín se me había ocurrido algo. Como si verle la cara de Halder hiciera que mi lámpara se encendiese. Me estiré bastante, cerciorándome que no tuviera un ligero parálisis. Solía pasar, la mayoría de las veces que me recostaba en aquel sofá. Me senté, traté de recordar el rostro de aquella persona que me dijo, aquella información tan interesante. Estoy muy complacido de tener éste rostro y éste cuerpo. De algo tengo que alimentar a mis contactos.
Me volví a desperezar. Ya Halder no me miraba con buena cara. Le hice señas para que se acercara, miré a nuestro alrededor, no había nadie. Noté como se dibujaba algo de perversión en mi rostro. Halder se limitó a sentarse en la mesa y era todo oídos.

- Un pajarito me contó... que Slughorn ha adquirido un paquete especial. Y tu sabes que... un poquito más de suerte no nos vendría mal.- Lo admiré- ¿Verdad, mi queridísimo Halder?- Esperaba una respuesta algo satisfactoria para mí, yo tremendo genio. ¿Quién dice que un ser como yo no puede disfrutar algo que no sea además de descansar?
De pronto centrada mirada pasó de largo mis ojos y saludó alguien que atravesaba la sala justo detrás mío. Me limité a esperar hasta que escuché que los pasos se alejaban y su mirada volvió al blanco anterior.
- ¿Me estás hablando de delinqüir deliberadamente? – Su mirada se tornó un tanto atrevida – Te escucho. -
- ¿Y con esa boca besas a tu madre? En ni un momento he dicho eso. - le tomé la barbilla así como él había hecho momentos atrás- Obtener, sería la palabra indicada.- hice movimientos con mis dedos, como si estuviese enseñandole una lección, recosté mi espalda contra el sofá. Teníamos que tener el plan maestro listo.
- Lo primero que haremos, es... separame del sofá. Y segundo averiguar dónde y cuándo- se levantó de la mesa situada al frente mío. Quedó pensativo un momento, antes de...

- Ya sabes cuál es su costumbre de La Gran Serpiente – dijo Halder acercándose a mí. Estuvo apunto de usar su varita en plan de un hechizo levitador o quien sabe. Pero él no podía evitar el contacto físico. Así que quedé cómicamente levantado del sofá. Mientras le propinaba una mirada cómplice.
Diversión por un rato. Vale verlo con éstos dos ojos. Lo único malo del asunto... es 50/50. ¡Por las sirenas del lago, debí haberme callado!

luka - 2009-03-09

[······························]

Salir a los terrenos y tumbarte en la hierba, justo donde da el sol, es algo que siempre me ha gustado de Hogwarts. Ir a los terrenos a las 10 de la mañana, cuando hacía fresco, no tanto, aunque tenía su punto. La clase de Cuidado de Criaturas Mágicas había transcurrido sin ningún percance, al igual que Transformaciones. Una mañana aburrida, vamos…

- Una fiesta esta tarde, ¿eh? –me susurré a mí mismo en el Gran Comedor. La verdad es que tenía hambre, y realmente no sé cómo lo hacen, pero estos días siempre hay algo que me gusta. Debería pasarme por la cocina y agradecérselo a los elfos o algo parecido.
- Party time, nada mejor para terminar la semana.- Harriet se sentó a mi derecha, cruzó las piernas y se puso a mirar la comida, intentando decidir qué comer.
- Ya te digo. Y mira que no es Halloween, seguro que más de uno terminará con un pedo de tres pares. –dije mientras cogía un poco de comida.
- Eso es para ir mentalizando al hígado que la semana que viene le espera mucho firewhisky ilegal. –se llevó un trozo de pan a la boca y acto seguido, se encogió de hombros.
- Pregúntaselo a Gus, ya verás lo que te contesta. –apareció Glowwer de la nada, ¿o era que estaba tan a lo mío que apenas me daba cuenta de las cosas? -¿Puedo sentarme con vosotros?
- Por mí, siéntate. –le respondí con tranquilidad. Le indiqué que se sentara a mi izquierda, aunque antes aparté mis libros, haciéndoles un hueco en el suelo.
- Fergus me responderá que él es la fiesta y que, mientras esté él, no importa si hay o no firewhisky. - Típico de Chambers…
- Ten cuidado que no te haga proposiciones indecentes, es capaz. –respondió Alex mientras se sentaba a mi lado.
- ¿Acaso no estaba detrás de Alanis?- Merlín, juro que no dije de malos modos eso, o al menos, lo intenté, pero el león que tengo a mi lado se debió de dar cuenta y arqueó las cejas, un tanto serio.
- Fergus es la indecencia de Hogwarts que persigue a todo lo que tenga falda y cerebro.- miraría a Alex.- menos en tu caso, que no creo que tengas falda.

Ten cuidado, por el amor de Dios, de Merlín y de cualquiera que pueda ofrecerte su protección, que el indecente de Hogwarts se meterá un día en tu cama y no saldrá, ya verás, ya verás… Levanté levemente la cabeza y vi como otro se nos unía a nuestra tertulia. En este caso era Travis, el cual se sentaba al lado del Gryffindor, aún con los libros encima.

- Tenía entendido que a Gus no le gusta que le llamen Fergus, aunque también tengo entendido que mientras le presten atención, le da todo igual.- suspiró, dejándonos un momento sin prestarnos atención mientras que manoseaba sus libros, hasta que hizo una pila y los dejó en el suelo. Después de esto levantó la cabeza y nos miró. - ¿Importa que me siente, por cierto?
- También es tu mesa, ni siquiera tienes que pedir permiso. –le contesté mientras sonreía.
- El único intruso soy yo, espero que nadie se mosquee porque le haya quitado el sitio. –repuso Alex mientras suspiraba levemente.
- Mmm… - Suspiré. Dejé caer el tenedor en la mesa y me limpié levemente con la servilleta – Querías comentarme algo, ¿me equivoco? -le susurré con tranquilidad mientras jugueteaba con una miga.

Me quedé así un momento, esperando una respuesta ya que algo en mi interior sabía que me diría algo. El pelirrubio me miró unos segundos y después suspiró.

- Es imposible ocultarte algo, ¿eh?
- Son años de práctica, tranquilo, aprenderás.
- Ya, bueno… -señaló una de las mesas del comedor, una cuyo color predominante era el amarillo. - Crees que… ¿crees que me escuchará si voy a hablar con ella?
- Depende de tu tono de voz, por supuesto. –puse los ojos en blanco. Después suspiré, comprensivo.
- Eres su mejor amigo… o bueno, al menos eso creo. Lo que sí sé es que la conoces y podrías aconsejarme mejor. –me dijo con cierta resignación. Se veía un tanto… agotado. Quizás más bien abatido.- Venga, Jazz. Solo quiero hablar con ella, al menos, la debo una disculpa. No creo que esté siendo su mejor época que digamos.
- Creo que no está siendo una buena época para más de uno. –me quedé un tanto pensativo. Él me miró, esperando que yo le dijera o le aconsejara algo. ¿Qué podía decirle? – Prueba en Halloween, no creo que se marche corriendo.
- ¿En Halloween? ¿Con todo el colegio aquí?
- Si os vais o algo similar, empezarán a hablar y a chismorrear.
- Sí, la verdad es que esto es mejor que nada. –me miró y después a Harriet y Travis en su conversación. – Creo que será mejor que me marche a mi mesa. –me susurró.
- Nada, no te preocupes.
- No sé cómo agradecértelo tío. –me comentó mientras recogía sus cosas.
- No hace falta que lo hagas, después de todo, también tengo parte de culpa… En serio, no tenéis que darle tanta importancia a las cosas. Quizás así todo mejorará, con tiempo supongo…
- Deberé pedirte un día tu paciencia, tendrían que ponerte una medalla o algo así. –me reí inconscientemente ante el comentario. –Bueno, nos vemos.

Se despidió de nosotros y se marchó de allí. Es curioso como los actos o cosas pequeñas pueden afectar a la vida de todos. Quizás eso ha sido su caso, una cosa después de otra y por eso está así… No lo sé, no soy adivino pero… espero que mejoren las cosas, las cosas en general, para todos…


jasper - 2009-03-06

[······························]

When I wake up tonight I said I’m gonna make somebody love me.

Viernes.

Para el ochenta y ocho porcierto de la población británica, los viernes significaban volver a casa, acariciar la cabezota del perro, poner la tele y ver un partido de fútbol. Para el veintidós por ciento restante, la palabra viernes era sinónimo de FIESTA, FIESTA, FIESTA.

Los viernes eran mortales. Teníamos a primera hora Transformaciones con McGonnie y los leoncitos, así que Abbey y yo fuimos directas al aula después de desayunar apuradas.

–¿Crees que McGo podría ponerse enferma?. –comenté, bostezando.
–Existe una ligera probabilidad de una entre… ocho mil millones. –se rió.

Puse los ojos en blanco y nos unimos a la fila. Vi a Gus, a Will y les saludé con la mano sin mucho ánimo. La verdad era que me sentía un poco mal porque la tarde anterior me había enterado de que Bernard iba con otra chica al baile y tenía un ligero bajón anímico, bajón que se había sumado al malestar provocado por el idiota subnormal de Ross.

–¿Había deberes? –pregunté, temiéndome la respuesta.
–Sí. –Abbey se llevó el flequillo detrás de la oreja y suspiré, cansada.
–Genial.

McGo llegó y nos hizo entrar en clase. Me agaché y me até los cordones de las converse mientras la gente comenzaba a entrar.

Sanders. ¿Y sus zapatos? –inquirió, arqueando una ceja.

Levanté la cabeza y vi cómo me miraba, ceñuda. Suspiré y me levanté, colgándome la mochila del hombro.

–Lo siento, profesora. No encontraba mis zapatos y me puse lo primero que encontré. –me justifiqué.

–Si atendieses en clase, Nora, habrías sabido transformar esas zapatillas en zapatos. –contestó, entrando detrás de mí al aula.

–Son Converse –corregí entre dientes. Le sonreí fingiendo candidez y me escabullí a mi asiento, pensando en darme una buena siesta.

Media hora después bostecé abiertamente y abrí el pesado volumen de Teoría de la transformación, sexto curso. McGonagall hablaba sobre los animagos y demás blablabla que a las ocho y media de la mañana sólo le interesaban a los empollones.

Me desperecé con disimulo y oí la risita de Gus, que me guiñó un ojo. Le sonreí como respuesta y volví a centrar mi atención en la figura de la profa, que hablaba sin parar. Llegué a tal punto de ensoñación que sus palabras dejaron de tener un significado lógico para mí, por lo que decidí emplear mi tiempo en cosas más productivas como… pasar notitas.

Rasgué el pergamino, mojé la pluma y garabateé un “Fiesta en Hogsmeade. ¿Nos encontramos en Las Tres Escobas? ¡Rúlalo!”. Le vi leerlo por el rabillo del ojo mientras escribía su respuesta y se lo pasaba a Gus, que respondió con entusiasmo. La siguiente en cogerlo fue Ayala, seguida por Pam y Ewan.

Satisfecha conmigo misma, volví a rasgar otro pergamino y escribí un rápido “¿Vas a Hogsmeade hoy?” que le pasé a Abbey para que se lo diera a Álex, que se sentaba justo detrás de ella. Draklord me miró con curiosidad y Álex respondió, pasándoselo de nuevo a Abbey.

“Sí. ¿Por?”

“Oh. Porque pensé que podríamos quedar todos los de sexto para ir juntos a un local muggle que han abierto. Al parecer hay un grupo que toca, comida y bebida. Muy chachi todo”

"¿A qué hora sería?"

Leí su respuesta y ahogué una risa. ¿Cómo que a qué hora sería? ¿A la hora de la excursión? Apreté los labios y garabateé una respuesta que no fuera coreada por mis risas incontrolables.

"¿A la hora de la excursión?"

"¿Toda? Es que ya hice planes, ¿sabes? y no es plan de cancelarlo en el mismo día"

Arqueé las cejas. ¿Estaba borde o me lo parecía a mí? Me enderecé en mi sitio y me giré con cuidado. Alex me miró y volví a mirar el pergamino, algo extrañada.

"Pues... espera que pregunte a los demás"

Con la misma, me giré hacia Abbey y le pasé otro cachito de pergamino.

"¡Fiesta en Hogsmeade! Ponte sexy"

La vi negar con la cabeza, sonriendo. Parecía darme por una causa perdida ya.

"¿Cuanto tiempo has tardado en organizar esto?"

Me encogí de hombros y le respondí.

"Lo que duran dos bostezos"

"Tus bostezos suelen durar bastante tiempo, ¿no? ¿Quienes van a ir?"

"Por ahora… ¡Yo!” "Guau... cuanta gente, ¿no? Cuidadin a quien invitas, no venga gente que no aguantamos..."

"Jo. ¿No puedo invitar a Emma? ¿Y a nuestros amigos de Slytherin?"

"Si es para joderla, bueno, pero vendrá con su séquito y ya sabes, si van, otros no irán. A los culebrines sí que no."

"Pues que sepas que me he levantado muy elitista así que sólo irá la gente que me caiga bien o me soborne."

"Claro, y luego irá el boca en boca y se apuntará todo el mundo. No se Nora, no se..."

“Ya verás ya"

Me miró, como si dudase de mi capacidad para controlar una fiesta. Me fingí indignada.

"Luego no te quejes si sale mal. Quizás acabemos zurrando a alguien. Ojalá sea Emma..."

“Creo que valdría la pena invitarla sólo para zurrarla"

Cuando acabó la clase, Pam, Will, Gus, Ayala, Ewan, Ava, Eric, Álex, Draklord y Abbey se acercaron a mí.


–¿He leído algo sobre una fiesta? –preguntó Pam, sonriendo. No había hablado mucho con ella, creí, pero los colegas de mis colegas eran mis colegas así que asentí y me senté en mi mesa.

–Podéis invitar a vuestros churris o churras, como prefiráis. El caso es que me acordé mientras divagaba…

–¿De lo guapo que soy? –me cortó Gus, arqueando las cejas.

–De eso también, sí. Va a tocar un grupo muggle en un local muggle (ja) de Hogsmeade y como siempre hacemos lo mismo he pensado que quizás os gustaría ir. Por lo que sé hay bebida y no piden identificación ni nada, así que todo es muy chachi y esas cosas.

–Pues allí nos tendrás. –afirmó Ayala, seguida por Ewan.

–¿A qué hora quieres que nos reunamos? Porque… ¿nos vamos a encontrar allí o aquí? –preguntó Ava, diplomática como siempre. Lo pensé durante un par de segundos y abrí la boca para contestarle pero Gus volvió a cortarme.

–Dime, venga. ¿Sobre qué parte de mi espléndido cuerpo divagabas? ¿Mi corte de pelo? ¿Mis orejas? ¿Mi encanto, quizás?

–Sobre tu culo. Me tiene enamorada. –respondí, y me giré hacia Ava. –No sé. ¿Las seis y media, siete os viene bien?

Se echaron a reír y recogí mis cosas. Quería avisar a Doce también porque casi nunca nos veíamos y era una estupidez dado que estudiábamos en el mismo colegio.

–Si pensáis en una hora mejor o un sitio mejor me avisáis luego, tengo que irme pitando para invitar a mis novios de Slytherin. –bromeé, poniéndome de nuevo la mochila.

–¿Slytherins? ¡De ninguna manera! –se negó Pam, cruzándose de brazos.

–¡Era broma! –me despedí, viendo cómo Gus se ponía de perfil, curioso, e intentaba mirarse el culo. Esbozó una sonrisa satisfecha y Ayala le premió con una colleja.

Los Ravens de sexto tenían Pociones a segunda y nosotros vuelo. Bajé corriendo las escaleras que llevaban a las mazmorras y casi me resbalé cuando llegué al tercer piso. Me llevé una mano a las costillas cuando dejé de correr y el flato me hizo cerrar los ojos con fuerza. Maldita anemia.

Cuando volví a ser una persona normal, vi a Doce con Wyght y Hetler. Me acerqué y le tapé los ojos con las manos. Hetler sonrió al verme y Wyght dejó de hablar, mirándome con detenimiento. Y yo con esos pelos.

–Jo. ¿Quién es? –se quejó Doce, intentando palpar mi cara.

–Soy tu peor pesadilla. –susurré, burlándome de ella.

–¡Nora! –volvió a quejarse, dando una patada en el suelo.

Me reí y se giró hacia mí. Doce era tan niña y tan grande a la vez que siempre me hacía reír. Se puso de puntillas y me dio un beso en la mejilla, para luego cogerme de la mano. Personalmente no era fan del contacto físico exagerado, pero Doce era así. Muy… física.

–¿Qué tal va todo, pequeña?

–Cómo te atreves a llamarme pequeña, si nací antes que tú. –se rió. Nos miramos y se dio cuenta de que no conocía a sus acompañantes. –Oh. Mira, él es Jasper Hetler, y ella Harriet Wyght. Pensaba que ya os conocíais.

–Pues de vista solamente. Encantada, chicos. –saludé, levantando la mano. Algo me dijo que Harriet no me daría dos besos así como así.

–Igualmente. –dijeron los dos, al unísono.

–El caso es, pequeñaja mía, que te he buscado para preguntarte si tienes ganas de pasártelo chachi en Hogsmeade. –comencé, balanceándome sobre mis pies.

–¡Fiesta, fiesta! –exclamó, asintiendo.

–Si queréis venir estáis más que invitados vosotros también. –le dije a Jasper y a Harriet. La segunda me miró con más interés, y casi sonrió.

–Party time, si falto tendré una gran mancha negra en mi historial.- se quedó callada un rato y miró hacia arriba del palo, distraída.- Además, los de primero pagan muy bien por los cotilleos.

Creo que fue entonces cuando EL MAROMO salió de un rincón que horas después no sabría ubicar. Era alto. Tan alto que parecía sacarme tres cabezas y estaba como Merlín quería. ¿Bernard Carrol? ¿Quién era ese? Le di un pisotón a Doce y me miró. Vio mi expresión y se rió, soltando una carcajada.

–Pero si tenemos aquí a Rudolf. –le pinchó, volviéndose a reír de nuevo. ¿El maromo se llamaba Rodolfo? El nombre era horroroso pero lo compensaba con lo bueno que estaba.

–Hola. –saludé, recordando cómo se hablaba. Creo que nunca antes me había quedado así, catatónica, al ver a un chico. Nunca.

–Hey. –contestó, y me sonrió. Mis bragas llegaron hasta el submundo y tiró a Doce de una trenza. ¿Habéis visto alguna vez las series sobre chicos de institutos que siguen siendo guays aunque les haya pasado un obús por encima? Así era él. –¿Hay reunión secreta de aguilillas y yo no me he enterado?

Nora nos estaba invitando a una fiesta. –le contó Doce, arqueando las cejas. Sonrió ampliamente y me pregunté si no le dolían los músculos de la cara nunca pues se pasaba media vida sonriendo.

–Suena interesante. Hay una teoría que dice que si muchos alumnos se reunen en un mismo punto, el colegio entero empieza a oler a conspiración. –me miró y compuso una expresión de complicidad a la que sólo pude responder con una sonrisa.

–Bueno, si quieres ver si más que una teoría es una realidad puedes venir tú también. –le invité, sin pensarlo. ¿Pensar? ¡JA! ¿Cómo podía concentrarse la gente al mirarle a la cara? Es más. ¿Cómo podía estar Doce TAN cerca de él sin babear?

–¿Y después de tanta reunión vamos a invadir el mundo? –le preguntó a Jasper, quien se rió y negó con la cabeza.

–Sólo si no vamos muy pedo, porque eso de invadir el mundo se supone que se hace con sigilo. –le seguí el juego, encantada de la vida.

–Si miras a Travis verás que no entiende de sigilo- Harriet le miró de arriba abajo y Travis sonrió. –Alto, pelo raro y piel tatuada. Es el rey del nomemires.

Así que se llamaba Travis y no Rodolfo. Nos echamos a reír y me puse roja al pensar en que creía que se llamaba Rodolfo. ¡Travis! Era un nombre que le pegaba. Me fijé en el detalle del pelo y me recordó a…

–¿Eres el hermano de Will? –inquirí, como si se me encendiese la bombilla. Se parecían y no se parecían a la vez. Los dos eran muy altos y llevaban el mismo look de “me da igual dar el cante”.

Ahora fue su turno de sorprenderse. Los demás se giraron hacia él y luego volvieron a mirarme.

–Ese soy yo, sí. –respondió. Supuse que estaba acostumbrado ya a esto, así que sonreí de nuevo y asentí.

–Es un chico genial. Somos “amigos”.

–No le tengas en cuenta los gruñidos que suelta por lo bajo. Siempre ha sido así, creo que le vienen de serie.

Esta vez nos reímos los dos juntos y creo que fue entonces cuando me declaré oficialmente fan de Travis Randolf.

–Tranquilo. –le di un beso en la mejilla a Doce y solté nuestras manos. –¿Os veo allí a todos, vale? El local se llama Liquid e iremos a eso de las seis y media, siete.

–Ahí estaré. ¿Esparzo la noticia o traigo a alguna mente privilegiada para que nos ayude con eso del sigilo? –añadió, con tono de guasa.

–Pues si traes a chicos guapos de séptimo a mí no me importaría. ¿Y a vosotras?

–Para nada. –contestó Harriet, interesada.

–Es que yo prefiero que sepan recitar las tres leyes de Ocya, por ejemplo. –se burló Doce.

–¿Qué Dios griego en particular quieres que arrastre hasta ahí? –aventuró él, mirándome con una sonrisa en los labios.

La campana tocó de nuevo, indicando que las clases acababan de comenzar. Di un par de pasos hacia atrás y les sonreí a los cuatro.

–¡Sorpréndeme, rey del nomemires!

Finalmente, me giré y eché a andar hacia mi clase de vuelo.

Acababa de conocer al MACIZORRO del colegio y volví a estar en paz con el mundo.

nora - 2009-03-01

[······························]

Segunda hora de la mañana, después de una hora rodeado de encantadores y encantadores Hufflepuffs; segunda hora, rodeado de todas las clases, pero acompañado por Aleesha Bowen, Hufflepuff encantadora y temperamental, pero por encima de todo encantadora, como todas las hufflepuffs hasta el momento.
Por su parte, Trelawney parecía entusiasmada con su propio entusiasmo y con su propia clase. Había pocos profesores que disfrutaran tanto rodeados de sus alumnos sobre hormonados, y ella era una de esos pocos. De hecho no tan sólo le gustaba tenerlos cerca, como pollitos, sino que disfrutaba aun más interactuando, así que cuando empezó a mover el cuello como si fuese un gallina buscando a su gallo, supe qué iba a hacer y me eché hacia atrás, dispuesto a disfrutar de la función.

-A ver…- levantó la mano y dejó de mover tanto el cuello.- ¿Qué habéis visto en las tazas? ¿Algo interesante?- nos miraba a todos casi sin pestañear, detrás de ese par de lupas gigantescas.- ¿Alguien quiere hacer participe a la clase de su interpretación?- siguió girando como una peonza hasta que se detuvo en seco.- ¿Ross?

Giré la cabeza levemente hacia el sector slytherin, sin poder borrar una sonrisilla de medio lado que había aparecido apenas había identificado a quien se refería; Slytherin y puritano.

-Ay, Gary. Amigo mío del alma... ¿Qué desgracias te deparará el horrendo futuro? –parecía absolutamente concentrado en el té durante unos segundos que parecían horas. -Ahám. Lo que yo me temía. ¿Ves esa forma que parece un gusano? Tendrás dentro de poco una infección en el estómago. Lombrices estomacales. –siguió examinando la taza, con expresión de gran adivino, el mayor de todos.- Aaaaah. ¡Que Circe te ampare! Veo... ¡Veo la cara de un perro! ¡Un Grim te perseguirá por todos los jardines del colegio y te morderá el culo!- miré a Trelawney. Eso seguro que le había gustado.- Pasarás una semana en la enfermería. ¿Qué es eso de allí? Parece un... corazón. ¡Vas a encontrar el amor en la enfermería! ... ¿Con Madame Pomfrey tal vez?

Arqueé una ceja mientras media clase reía por lo bajo y la otra media miraba a la profesora, esperando una interrupción que, por supuesto, no llegaba. Tal vez la que acababa de encontrar el amor era ella en Nathan, capaz de regalarle predicciones con caos, muerte, perros y sexo.

-Uh, Oh, oh. –miró a su compañero, cada vez más blanco, sin parar de juguetear con los posos de té -Veo... ¡Un baile! Un baile con alcohol, comida y muchos condones desperdiciados. ¡Y te veo a ti con Sharon Bulstrode! ¿Ves esa forma que parece una nariz de hurraca? Dice claramente que estás con ella. Vaya amigo, lo siento. Pero la verdad es que nadie puede escapar de su futuro.

Le habría aplaudido de no ser él, pero debía interrumpir esa predicción. No porque quisiera, claro, yo no quería en absoluto, pero nadie usaba a Madame Pomfrey en una predicción, exceptuándome a mi.
Levanté la mano.

- Me veo en la obligación moral de parar esta predicción, porque Madame Pomfrey y yo mantenemos una relación eroticofestiva muy sólida y duradera.- me encogí de hombros.- Nadie puede culparla.- y sonreí de medio lado.
-¡Cómo osas contradecir mi ojo interno! ¡El ojo que todo lo ve, que todo lo sabe! –acompañó su pequeño monólogo con una de las mejores poses dramáticas que había visto en mi vida. Si algo debía reconocerle a los slytherins es que servían para cualquier clase de pantomima. -Entonces, lo siento mucho por ti, pero Madame Pomfrey va a abandonarte porque... ¡Oh, lo veo, lo veo! Se está dispersando la niebla de los hados. ¡Te va a dejar porque no la satisfaces!
- ¿Estás seguro que tu ojo interno me mira a mi y no a tu riñón? Aunque si me mira a mí es normal tantos fallos, se debe sentir abrumado de tanto encanto.- me reí y miré al resto de la clase con pose importante.- Os voy a contar un secreto: los gemidos que oís por la noche no es Peeves intento ir de vientre, precisamente.- y volví a sonreír, esta vez de la forma más explícita que pude.
-¿Desde cuando los fantasmas van de vientre? –preguntó, haciéndose el ofendido y negando con la cabeza. -No permito que dudes de mis talentos. Envidia que sientes por lo ver lo que yo veo ni por saber lo que yo sé.
- En realidad Peeves no es un fantasma, es una flatulencia abandonada, así que está empeñado en crear una versión en miniatura de él mismo. De todas formas, yo no dudo de tus talentos, sólo de tu ojo interior. ¿Estás seguro que es el interior y no el posterior?- sonreí de medio lado, como buen león que acababa de morder el culo a una cebra, aunque él no fuese precisamente eso.
-Memeces de Gryffindor, eso es lo que estás diciendo. Profesora, ahora comprendo como se siente usted cuando dudan de su talento. –volvió al dramatismo, con la mejor imitación de perrito abandonado.

Me quedé callado unos segundos, primero mirando a Nathan y después a la profesora, a quien me dirigí.

-Yo no la comprendo en este aspecto, pero puedo consolarla igual.- le dediqué una de mis mejores sonrisas y volví a mirar al slytherin.- Y te repito que yo no pongo en duda tu talento, seguro que lo tienes; interior, posterior, visible, invisible, omnipresente, perdido... Pero sé que lo tienes.- asentí.
-Menudo atrevimiento, profesora. ¡Mil puntos menos para Gryffindor!

No sé si fue la falta de nicotina, de cariño, o el simple hecho de ser yo, pero de pronto visualicé a Nathan vestido de caperucita, a Trelawney vestida de abuela de Caperucita, y a mi, como el mejor de los lobos feroces. Se podía hacer una buena película porno con eso… o no tan buena, pero de lo más comercial.

-Tú déjame tiempo y serán mil puntos más, Caperucita.- volví a reírme.

Ross me miró como si estuviese completamente mal de la cabeza –los excéntricos somos unos incomprendidos 22 de las 24 horas del día, y nos encanta- y se sentó.

-Merlín los cría y ellos se juntan.- alegó, al fin.
- Merlín,- Miré hacia arriba y junté las palmas de las manos.- te pido disculpas por todas las veces que me he metido contigo. Gracias por juntarme con quien me juntas y desjuntarme con quien me desjuntas. Amén.

Me repantigué otra vez en mi sitio y sonreí galantemente a la profesora, que se había quedado con los ojos más abiertos de lo habitual, dándole un aspecto más de búho que de libélula, y la boca entreabierta. Por suerte –o por desgracia, habría pagado con mi propio cuerpo para saber qué pensaba-, antes de que pudiera decir “vuestros culos son míos”, la clase llegó a su fin, y con él, el final del primer asalto.

=OUT=
ADORAD a estos dos, queridas y querido~

gus - 2009-02-24

[······························]

Lo que más me gusta del viernes, sin contar el simple hecho de que podemos pasar un rato por Hogsmeade, son las clases. Son entretenidas, me gustan, y eso es bueno. ¿Lo malo? Uff…

- ¡Eh, Draklord! – Glowwer de los cabellos rubios me había llamado. Venía corriendo y cuando llegó a mi lado respiró con rapidez. – Chica, ¿tú como lo haces para ir tan rápido? ¿Algún pasadizo que debería de conocer?
- Una bruja siempre debe guardar bien sus secretos Alex. –le di un toquecito en la nariz y le sonreí. - ¿Qué tal? ¿Dormiste bien anoche? –le miré con cierta malicia pero siempre con buen rollo. Este leoncillo es buena gente y ahora mismo no tengo ánimos para ir de malas con nadie… más bien con él, pero bueno.
- Ya decía yo que era raro que no me dijeras nada. –repuso mientras se ajustaba la mochila. Me siguió el paso, yo no le dije nada, quería que él lo dijera. En estos casos siempre es mejor que la persona implicada lo hable sin que nadie tenga que estar acosándole con preguntas. – Me dormí, no tuve ninguna intención de joder a Gus.
- ¿De verdad? – arqueé las cejas mientras me reía levemente. – Ya conoces a Gusanito Chambers cómo se pone si tiene que ser su hermana.
- Lo sé, ya le he dicho que debe ser más tolerante y deje a Ayala a su bola, que ya es mayorcita. Pero nada, este no cambiará.
- Bueno. –me encogí de hombros inconscientemente. –No lo dudes pero… eso es parte de su carácter.

Adivinación, eso es lo malo. Muchos piensas que sería algo fantástico tener el don en esta asignatura, tener “el ojo” pero… ¿realmente piensan en lo que eso conlleva? ¿Quieren ver cosas que no querrían? Y lo peor de todo, tener a esta profesora que, aunque a simple vista parezca una farsante, pueda llegar a ver más que cualquier otro.

- Parece que está dentro. –susurró Alex cerca de la entrada. Me miró un momento y supongo (porque no creo que pueda usar legeremancia) que debió imaginarse lo que realmente por mi mente pasaba. Asintió levemente, dejando la mochila en el suelo, cerca de la ventana. – Todavía no es la hora, esperemos un poco.
¿Es mucho pedir eso? ¿Tener a alguien que te comprenda aunque sea sin decir ni una palabra? ¿O que con una simple mirada pueda deducirlo? Sí… es demasiado pedir con chicos de 16 años.

- Me costó un poco aprenderlo pero… -me miró levemente. – No es bueno guardarse las cosas, no es bueno reprimirlas, al final eres tú quien acaba mal.

Vale, ¿y qué me quieres decir con esto? ¿Qué se lo largue a cualquiera? ¿En este colegio que parece que hay alguien mirándonos por un agujerito y se entera de todo? No, gracias, ya tengo bastante que aguantar.

- Quiero decir que si necesitas a alguien que te escuche o un hombro donde llorar… - se incorporó, abriendo los ojos y riéndose. – Que estoy ahí. Puede que no seamos los mejores amigos, pero llevamos años en las mismas clases y en la misma casa. No sé, pero creo que mejor que guardarlo para ti misma.
- Gracias, de verdad. Al menos creo que tú no irás a contarlo al primero que veas.
- ¿Para tener a toda la escuela detrás como al principio de curso? No, gracias. Yo no he pedido esta popularidad que me han atribuido. –ahora estaba serio, mirando al suelo. No es uno de tus temas favoritos, ¿eh?
- A los líderes naturales se les dan cosas que no piden, no es culpa nuestra de ser como somos.

¿Y qué si somos guapos o guapas? ¿O si somos también inteligentes? No digo que no sea agradable estar con gente, hablar y reírse, pero yo no les he dicho “He, venid conmigo, que estoy buenísima y así ligareis más chicas”. Suspiré, un tanto resignada. Definitivamente esta no iba a ser mi semana, bueno, no ha sido mi mes, pero qué le puedo hacer.

- Tarde o temprano te perdonarán, ya verás. – le di un golpe en el hombro en plan amistoso. Si alguien nos viera nos llamaría el dúo depresivo o algo así.
- La adivinación no es exacta, ya sabes. –repuso mientras sonreía levemente. Tío, ¡sonríe! Que si no, normal que te vaya así el día.
- No me refería a la adivinación Alex.-negué con la cabeza mientras cogía mi cartera. – Si alguien te importa, si te importa realmente, tarde o temprano vas a personarle.
- Sí, supongo que sí. –recogió sus cosas del suelo, ya iban llegando los últimos alumnos al aula. –Creo que deberíamos entrar ya.
- Ve tú delante, por si aparece de improvisto. – Quizás pueda evadirla durante un rato, aunque con lo pesadita que suele ponerse… no lo veo Evey.
- Mmm… creo que te será difícil escabullirte. –me susurró al entrar, oh mierda.
- Faltan pocos ya por terminar, ¿no? –nos miró a ambos y luego me miró a mí. – Srta. Draklord, ¿qué le ocurrió para que no viniera a nuestra anterior clase?

Puto ojo interior, ¡arg!

- Verás profesora. –la cogí del brazo de forma amable mientras entrabamos en el aula, acercándome a su sillón. –El otro día, practicando mis habilidades adivinatorias me ocurrió algo que… en serio, no se lo creería si se lo contara. Pero, ¿sabe usted cuando ve algo y siente que no debe estar allí en ese momento?
- Te comprendo, te comprendo. Fue muy fuerte, ¿verdad? Pobrecita, todavía no controlas tus poderes. – me puso su cara de ternura hablando lentamente.- Anda, ve a sentarte, no te preocupes.

¡Santa Morgana y todas que puedan llegar a ser Santas! Me deberían de dar un premio, o algo, pero para salir de estos casos (y con esta profesora precisamente) no algo muy sencillo que digamos. Vi a Alex sentado ya, mirándome y al mismo tiempo, aguantándose la risa.

- ¿Qué te hace tanta gracia?
- ¿A mí? Nada. –sacó el libro, sin dejar de sonreír y agachó la cabeza. – Dime gran adivina Evey, ¿Qué ves en mi futuro?
- Veo… que en Hallowen me reservarás un baile. –sonreí ampliamente, la clase de sonrisa que uso para quedar bien.
- Oh, entonces creo que no habría querido saberlo. –negó rápidamente mientras ponía una mueca y se reía.
- ¡Por Merlín! Calla, que no quiero que nos diga nada esta mujer.

Sigo manteniendo el que tarde o temprano, si le importas a alguien, te perdonará. Pero quizás me equivoque y espero, espero con todo corazón, que no.

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Breve intro de Evey xDDD no seais malos con ella, que tiene corazón lol

evelyn - 2009-02-24

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