Halloween no era ni había sido nunca santo de mi devoción. De pequeño en casa no lo celebrábamos. O, al menos, no del modo tradicional. Nada de disfraces ni salir a pedir dulces. Nosotros nos limitábamos a comprarlos nosotros y ver alguna película juntos. Puede que mi padre naciera entre magos, pero siempre le fascinó el cine y fue su modo de que me entrara por los ojos. Lo peor era que cada año olvidaba que su hijo era un pequeño cobarde e iba a tener pesadillas durante el siguiente mes. Ahora, sin embargo, tocaba disfrazarse y encontrar pareja para un baile que en realidad acabaría pareciéndose más a una bacanal romana que al evento teóricamente inocente que el profesorado buscaba. No, gracias.

Así que allí estaba, frente al espejo, colocándome bien el cuello de una camisa negra recién rescatada del fondo de mi baúl e intentando que mi pelo no se rebelase en exceso. Porque no pensaba disfrazarme. Había pensado disfrazarme de algo que sólo necesitara un par de complementos pero, siendo sinceros, ni eso me apetecía. Ya había suficientes vampiros, romanos y hippies por allí, así que me limité a echar un último vistazo a la imagen que me devolvía el espejo y salir del baño a toda velocidad. Obviamente, tampoco tenía pareja.

Costó un buen rato, pero finalmente me abrí paso hasta la fiesta de Halloween en el Gran Comedor. Suspiré aliviado y, evitando a un par de chicas de quinto que murmuraban emocionadas a todo volumen, me dirigí hacia la puerta justo en el momento en el que creí escuchar a alguien llamarme desde atrás. Giré la cabeza, buscando entre la multitud una cara conocida que pudiera haberlo hecho, pero no la encontré, así que me volví y...

Y una chica me embistió en aquel mismo momento. Chocamos de frente, antes siquiera de que me hubiera dado tiempo a verla. Me separé rápidamente, murmurando disculpas entre dientes y apenas fijándome en su vestido (que era de un tono algo así como blanco), en la melena castaña o los ojos oscuros, buscando una cara conocida. La chica definitivamente me sonaba, pero no estaba seguro de haber tenido ninguna conversación con ella. Y aquello lo hacía todo aún peor, como el calor que subía por mi rostro y se asentaba a sus anchas en mis mejillas empezaba a recordarme.

-Lo siento, de verdad -dijo ella, mirándose la ropa y arreglándose un poco el vestido con la mano-. ¿Estás bien?

Ahora contesto. Ahora contesto sin tartamudear ni olvidarme de las palabras ni ponerme rojo. Yo puedo. Yo puedo. Yo... Oh, por favor, Helga, permite que no me ponga rojo, me dije a mí mismo, a sabiendas de que dos segundos después abriría la boca y ninguno de aquellos deseos se cumpliría.

-S-sí... -tragué saliva, sin mantener mucho su mirada-. ¿Tú... tú estás... bien?

Ya estaba. Rojo. Y nervioso. Todo en uno. En cinco segundos comenzaría a tartamudear y sería mi perdición. Muy bien, Cillian, así se hace. Encima tenía que ser guapa. No podía ser una tabla de planchar, llevar gafas de culo de vaso y un vestido particularmente hortera. No.

-Sí, no te preocupes. -sonrió levemente-. Ha sido mi culpa, después de todo no estaba a lo que tenia que estar.

Metí las manos en los bolsillos, dejando caer los hombros. Siempre hacía eso cuando me ponía nervioso. Me esforcé en mirarla (algún día tenía que aprender que las chicas eran eso... chicas, no calamares gigantes a punto de arrancarme la cabeza) y contestar con la mayor normalidad.

-No... no, yo estaba... estaba mirando para atrás y ni me di cuenta... ni te vi, vamos -lo dije todo gesticulando mucho y además parecía retrasado, estaba seguro-. Tranquila. Tranquila.

-Está bien, los dos somos culpables, ¿mejor? -y, aún sonriendo, dijo-: Evelyn Draklord.

-Eh... Cillian. Cillian Marsden.

¿Le daba la mano? ¿Dos besos? ¿Nada? Por Merlín, cómo odiaba ser tan... tan... lo que fuera.

-Encantada, Cillian.

Ella sólo sonrió, así que supuse que eso solucionaba mi duda. Sonreí yo también y respondí con un Encantado que difícilmente pudo haber oído, ya que la voz me traicionó en ese momento. Evelyn pareció estar a punto de decir algo, pero en lugar de eso giró la cabeza, lanzando una mirada atrás un momento. Luego se volvió, me miró tranquilamente y se dispuso a salir. Fruncí el ceño, la chica parecía preocupada y, mirando yo mismo alrededor, no había nadie que precisamente pareciese dispuesto a ir tras ella y preguntarle.

Hazlo, quizás le ocurra algo, me dije a mí mismo, animándome. Casi podía visualizarlo: una parte de mí (la que quería preguntarle qué le ocurría) haciendo porretas a la otra para que se decidiese (siendo la otra la que estaba lo suficientemente cortada como para preferir olvidarlo y entrar en el Gran Comedor, buscar a algún amigo y disfrutar un par de cervezas de mantequilla antes de que todo el mundo desfasase demasiado). ¡Venga!

Haciendo caso a ese pequeño resquicio de valentía que había surgido de pronto en mí, seguí sus pasos, levantando la cabeza para buscarla entre la multitud. Se dirigía hacia afuera y yo me arriesgué a atravesar los grandes portones del castillo. Una vez fuera, la llamé, sólo que, de nuevo, la voz me traicionó un poco. Noté que me sonrojaba; no podía haber salido con la labia de mi padre, NO. Di unas cuantas zancadas, exageradas, hasta casi alcanzarla y entonces volví a llamarla.

Se paró en seco, agarrando el bolso con fuerza, como si allí tuviera la varita que estaba a punto de usar para lanzarme volando a la otra punta de los jardines. Después se giró, muy seria.

-Yo... eh... pensé... o sea, te he visto y... -aclárate antes de hablar, Cillian-. Me pareció que... bueno, que estabas... preocupada. O algo -miré con recelo su rostro serio y señalé hacia atrás con la mano, retrocediendo un par de pasos sin siquiera darme la vuelta-. Pero supongo que no... que no es cosa mía... Mejor me voy.

-No pensé que fueras tú. -se quedó pensativa, con los ojos clavados en mí pero la mirada perdida-. Pensaba que eras otras personas. Perdona mi reacción, solo es que... necesitaba salir de allí aunque fuera un poco, y hay gente aqui que puede ser realmente cruel como para no dejar a la gente ni respirar.

La miré sin saber muy bien qué decir. Tenía razón, había gente así y no podía negárselo. Todo el alivio que había sentido al ver que al menos no me había mandado a la mierda, se había ido al garete.

-¿Te importa hacerme un poco de compañía? -añadió entonces-. No te molestaré, tranquilo.

Asentí. De repente no sabía qué hacer con los brazos ni qué decir exactamente, porque había pasado de ser un encuentro fortuito a una especie de conversación. Metí las manos en los bolsillos y me acerqué un poco más. Ella miró en derredor, encontró un banco cerca y lo señaló. Nos sentamos, uno al lado del otro, a una distancia prudente y en silencio, al menos los primeros segundos.

-Mmm... Cillian -dijo, rompiendo el silencio al tiempo que esbozaba una media sonrisa-, ¿de qué vas disfrazado?

-Eh... -sonreí un tanto-. Yo no... no suelo disfrazarme. Todo esto, las fiestas y el, bueno, el alcohol... -miré hacia otro lado, retorciéndome las manos-. No es mucho mi estilo.

Había dicho una frase sin trabarme. Eso era un paso.

-Tranquilo. A más de uno le ocurre lo mismo. Simplemente es que algunos no saben otra forma de pasar el rato. -le miraria a la cara- Depende de cada uno considerarlo o no una forma de divertirse. Yo puedo beber un poco, pero no es algo que lo vea como costumbre o pasatiempo, la verdad.

-Eso. Eso pienso yo -miré un poco alrededor. Había un par de chicas bastante borrachas a unos cuantos metros de nosotros-. Soy más de... ya sabes, una cerveza de mantequilla y una conversación con alguien... bueno, alguien... -me sonrojé- que piense lo mismo que yo.

Sorprendentemente, empezaba a sentirme cómodo. O todo lo cómodo que podía sentirme en una situación como ésa. Quizás por una vez no hubiera venido mal un chupito de firewhisky, pero al menos no estaba haciendo el canelo. Demasiado. Ella, por su parte, sonrió algo más ampliamente y miró hacia otro lado.

-Tal como dicen mis compañeros de Gryffindor, las hormonas en Hogwarts están descontroladas -volvió a fijar sus ojos en los míos-. Muchos tienen más ganas de enrollarse con quien pille o llevárselo a la cama. Aunque no todos, por supuesto.

-No todos, pero la mayoría -el pensamiento se escapó por mis labios sin que casi me diera cuenta-. Quiero decir... sólo hay que mirar alrededor.

-Sobretodo hoy -asintió-. Supongo que más de uno amanecerá en un sitio poco común a lo habitual, ¿no crees?

-Más de uno y más de dos -dije, medio riéndome-, y muchos ni siquiera amanecerán con las parejas que trajeron a la fiesta.

-Los que vinieron con parejas las han perdido y los que no las han encontrado, ¿no?

-Eso parece. Oye... -volví a retorcerme las manos-, yo voy a... me apetece una cerveza de mantequilla -hice un gesto, señalando el castillo-, ¿quieres... quieres venir?

- Me encantaría. Gracias -sonrió-. Después de todo, me has acompañado este rato, no podia hacer menos.

Esbocé una sonrisa y asentí, al tiempo que nos levantábamos y caminábamos hacia el castillo. Quizás Halloween no fuera a ser una mala noche, al fin y al cabo.

=OUT=

Ahí va el primer post de Cillian <3 Creo que ha quedado larguito, pero casi mejor, asi le conocéis un poquito más.

cillian - 2009-11-14

[······························]

Me miré al espejo por última vez para repasar que todo estaba como debía estar, y lo estaba. El vestido, largo y de seda teñida de tal forma que hiciera un degradado de blanco a dorado, estaba tan liso y suave como hacía media hora, y el escote, bastante más pronunciado de lo que había esperado, no enseñaba más de lo debido, aunque sí más de lo que me hubiera gustado. Mientras interiormente me recriminaba no habérmelo probado antes para comprobar esos pequeños detalles, me pasé una mano por el flequillo, completamente liso gracias a una poción. A la mañana siguiente tendría que utilizar otra para que volviera a crecer, pero no me importaba: Cleopatra debía tener flequillo. Finalmente, después de comprobar que el maquillaje no se había corrido ni iba a hacerlo, salí de la habitación junto con Pam y Evelyn.
En la Sala Común sólo encontramos a Ewan y a Alex, junto a cien alumnos más nerviosos y disfrazados con más o menos gracia. Busqué a mi hermano y a Will con la mirada, pero no había rastro de ellos.
Ewan se acercó y con una de sus mejores sonrisas me tendió el brazo.

-Estás muy guapa.

Sonreí.
Pero toda mi guapura quedó olvidada en cuando vio a Erika. Lo había supuesto desde el principio, pero en mi imaginación era menos molesto que tu pareja de Halloween te ignorase por la rubia de slytherin. No sabía si me molestaba más el hecho de que lo hiciera delante de toda la escuela, que ni siquiera se diera cuenta de que lo hacía, o porque era algo que debía molestar. En cualquier caso empezaba a mosquearme un poco, así que decidí alejarme discretamente antes de no poder contenerme y terminar dándole una colleja.
Sin saber muy bien como, pasé de estar con el Conde Drácula a estar con un arquero verde y un Dios, y de ahí a la pseudobarra improvisada, dónde se encontraban las inocentes galletas de jengibre en forma de murciélago, el ponche adulterado ilegalmente con firewhisky y los refrescos, que probablemente hubieran corrido la misma suerte que el ponche.
Sin saber muy bien si arriesgarme con una bebida o con otra, apenas presté atención a la gente a mi alrededor hasta que alguien habló tan cerca que me di por aludida.

- Ave, ¿fuera de lugar?

Me giré levemente para saber de quien se trataba, aunque esa voz me empezaba a ser familiar, tal vez demasiado; Liam Halder, vestido de emperador romano me miraba. A mí. Y no satisfecho con eso, parecía querer empezar una conversación. No pude evitar recordar nuestro último encuentro y sus bolas de nieve.

-Cleopatra nunca está fuera de lugar, está donde quiere estar.- recité en un tono de lo más solemne.- Deberías saberlo.

Apenas hube terminado la frase, pareció iluminarse y darse cuenta de la situación, de la verdadera situación; Cleopatra no había renacido y se había dejado caer por Hogwarts, estaba hablando conmigo, una gryffindor con la que se divertía torturándola a comentarios sardónicos y a bolazos de nieve.

- ¿Tú? – bebió del vaso que llevaba en la mano. – Interesante, ¿te has hecho eso tú sola? – volvió a beber, y fue entonces cuando el olor a firewhisky llegó a mi nariz.
- Eso te lo debería preguntar yo a ti, aunque en tu caso puedo imaginarme la respuesta.- me giré completamente y me puse una mano en la cadera, con una ceja arqueada.
- No te lo tomes a mal. De lejos pensé que estabas muy buena y venía directamente a ligar contigo. Pero ya se me han quitado las ganas.

Apoyó los codos en la barra y siguió mirándome, o más bien fue paseando la mirada de la parte derecha del escote a la izquierda. En otras circunstancias hubiera tratado de asesinarle con la mirada, o me hubiera ido después de un corte de mangas, pero eso le habría dado la información que me molestaba que prestasen demasiada atención a mis puntos femeninos, y eso era algo que no pensaba hacer.

-Que pena, si no me hubiera maquillado tal vez soltaría un par de lagrimillas.- suspiré teatralmente.- ¿Ahora sólo estás aquí para... emborracharte?
- Y si lo estuviera ¿te importaría? – se rió abiertamente. No pude evitar rodar los ojos – Mi plan ahora mismo no es mucho mejor que el tuyo. He perdido a mi pareja… por ahí.- y a juzgar por su tono de voz no le importaba demasiado.
-Si tan poco te importa perder a tu pareja, ¿para qué la traes al baile?
- Me importa mucho mi pareja, queda preciosa a mi lado. – echó un trago a su bebida por tercera o cuarta vez. – No, en serio, estará bailando con algún cabronazo por ahí, pero no me importa de momento. Así puedo mantener esta interesante conversación contigo. – me miró unos segundos más y recorrió el Gran Comedor con la mirada. - ¿Has venido sola?
-No he venido sola- volví a girarme para servirme algo. Después de vacilar medio segundo, opté por un zumo de melocotón que parecía completamente normal- y no, no me ha dejado tirada por ahí, antes de que se te pase por la cabeza preguntarlo.- no era del todo cierto, pero eso no tenía por que saberlo. De hecho, era mejor que no lo supiera.
- No lo preguntaba por eso. – volvió a reírse, y si mi intuición no fallaba, lo hizo más alegremente de la cuenta. – Aunque si hubieras venido sola yo me hubiera ofrecido a ser tu Marco Antonio por un rato sin dudarlo… pero baaah, sólo qué ¿dónde está tu chaperona?
-Ahora mismo, el que parece una chaperona más bien eres tú.- fruncí el ceño y me llevé el vaso a los labios.
- ¿Yo? No, por la gloria del Señor Tenebroso ¿por qué iba a hacer yo eso? – soltó un par de carcajadas, y esa vez sí estuve segura de que iba más ebrio que sobrio. Seguí su mano con la mirada mientras se llevaba el firewhisky al gaznate.– Me refiero a ese al que llamas hermano… Tus, Fus o como se llame.
-Le llamo hermano porque es mi hermano. Gus. Estará por ahí haciendo el ganso.- refunfuñé, más para mi que para él.- ¿A que viene tanto interés?- arqueé una ceja.- ¿Echas de menos que alguien te diga que te vayas?
- Pues a lo mejor sí. – su aire chulesco me recordó peligrosamente a mi gemelo. Dejó el vaso en la mesa y pidió otro al alumno que se encargaba de reponer las bebidas – Pero me parece extraño. Hoy, el día que su hermanita virginal e intocable decide enseñar un poco de sus tetas por el escote, él se largue a hacer el ganso. Es… contradictorio.

Se quedó un momento ensimismado, aparentemente perdido en sus pensamientos. Supe que iba a reírse incluso antes de que empezara a curvar los labios.
Sospesé seriamente la posibilidad de matarle, aunque eso fuera demostrarle que sus comentarios y su actitud de roba-bragas me cabreaba, pero decidí que no iba a compensarme. Estaba claro que no iba a asesinarle delante de todo el mundo, y no quería imaginarme una vida con un Liam Halder desquiciándome con comentarios que muchos tacharían de inapropiados.
Sonreí de medio lado, fingiendo una seguridad y un buen humor que no sentía.

-Te montas la película tú sólo, Halder. Ni enseño más ni mi hermano hace cosas contradictorias; él se divierte como siempre y yo sigue siendo la misma, pero tu vas medio pedo… o pedo del todo, y todo te parece raro. Tal vez tengas un pequeño problema.
- Mi problema es ese puto vestido. – volvió a repasarme con menos disimulo si cabía. Cuando lo hubo hecho, cerro los ojos y se llevó el puño a la boca. Me reí por lo bajo, entre escéptica y cansada.
-¿El tuyo o el mío? Porque el tuyo no es precisamente discreto.

Dejó el vaso en la barra, abrió la boca y volvió a cerrarla. Empezaba a creer que no iba a decir nada más, pero iba borracho y era Liam; nunca se quedaba contento si no tenía la última palabra.

- Pues… el tuyo tampoco ¿sabes?

Percibí cierta irritación, y por unos segundos me sonreí interiormente. Incluso iba a felicitarme mentalmente cuando parecía que iba a irse, pero volvió a encararme.

- ¿Y sabes lo que deberías hacer tú? Irte con el pringado que te haya traído aquí. Eso deberías hacer. Porque… Dios, no tienes ningún tipo de consideración. Pobre tío, y tú aquí… ex… exhibiéndote.

Mi felicidad se ahogo en un pozo mientras él se autoservía un vaso de firewhisky abandonado y se iba. Había conseguido irritar al gran Liam Halder sin saber muy bien cómo, pero no podía felicitarme porque, con apenas dos frases mal dichas y sin mucho sentido, él había logrado llevarme al súmmum de la irritación.

- ¡Espero que mañana no te acuerdes de esto, porque vas a querer esconder la cabeza bajo tierra!

Ni siquiera se giró para contestarme, lo que podía querer decir que ni siquiera me había oído, pero no importaba, porque técnicamente yo había tenido la última palabra y eso debería haberme enorgullecido o alegrado.
No lo hizo.
Dejé el vaso en la mesa, me serví más ponche adulterado de la cuenta y me alejé de ahí antes que se lo repensara y volviera.
Era una maldita fiesta, mi pareja estaba absorto contemplando a la diosa nórdica de Hogwarts y había tenido una conversación bastante surrealista con el príncipe de slytherin, pero iba a pasármelo tan bien como esas chicas de las películas muggles. Me lo merecía.

ayala - 2009-11-14

[······························]

Normalmente, el hecho de ir al Gran Comedor, de salir de mi sala común e ir a cenar algo era… sencillo. He dicho normalmente, ¿vale? Quitando algún que otro pesado, otro que te detiene para hablar cuando apenas intercambiamos palabras, no hay muchos contratiempos que a uno le impidan ir a comer o cenar.

Pero hoy sí. Hoy sí se daba cierto “problema”, por decirlo de alguna manera.

La fiesta de Halloween. Mirase donde mirase encontraba a un vampiro, a un “conde” Drácula, a princesas, a guerreros… y esta lista se sucedía constantemente y para algunos, con una gravedad que se podía decir que era habitual en la adolescencia. Parpadeé varias veces al ver, en una de las bajadas de escaleras, a un par de chicos con capas marrones, “luchando” con, lo que debía de suponerse que eran, espadas láser. (Vengaaaaaaa, una cosa es disfrazarse, ¿pero eso? Ni que yo me pusiera a lanzar flechitas a Halder y compañía de la nada.) Me puse la capucha, verde, como la casa con la que, en teoría, era rival de la mía e intenté pasar desapercibido.

¡Pero qué diablos! ¿Desapercibido? Era el PEOR momento para intentar algo así. Sobretodo siendo yo. Cualquiera se daba la vuelta, miraba a un lado o a otro simplemente para contemplar en qué se había disfrazado X, Y o Z. Y con lo rematadamente COTILLAS que son en esta escuela, pronto tendré alguien preguntándome con quién voy, por qué con esa persona y por qué me he disfrazado de Green Arrow.

De todas formas, el caso es que estaba allí, en la puerta, entrando solo a lo que consideraban el baile de Halloween. Realmente no sabía dónde estaba Nora, pero así me pasaba cuando me despistaba. Definitivamente necesitaba una recordadora… o un mini pepito grillo personal que me recordara esta clase de cosas. Pero bueno, al menos cerca veía a alguien conocido, una chica de mi casa aunque… bastante cambiada, o mejor dicho, bien disfrazada.

- Creo que Cleopatra se bañaba en leche para estar más bella. ¿Acaso ese es tu secreto Señorita Chambers? - me acerqué por detrás, poniendo mis manos en los hombros de esta, lanzando mi sonrisa de doble sentido. Ella se giró, divertida y sonriente mientras negaba con la cabeza y ponía una mano en su cintura.
- El secreto está en que tú me miras con buenos ojos, hombre de verde. Creo que todo Hogwarts se alegrará de verte con ese disfraz.
- Ah… ¿y por qué? ¿Por qué parece Slytherin o porque podré convertir en colador a alguien? – sonreí aún con más amplitud.- Bueno, ya sabes, prefiero decir las cosas antes que callarlas. - Ayala volvió a reírse. ¡Leoncilla risueña!
- No seas tonto, sabes que tienes a 1/4 de Hogwarts colado por ti, se alegrarán mucho de verte vestido así.
- Ahora que lo dices… sí, creo que me he pasado con el disfraz. –me miré unos segundos y después a ella, serio. - La próxima vez buscaré algo para pasar desapercibido. Aunque dudo que pueda evitar el Gus-radar. Oh mejor, me disfrazo de Tarzán y ahí veremos de qué pie cojea tu hermano.
- Gus cojea de los dos pies.- suspiró.- De todas formas, hoy creo que Gus estará entretenido con Alanis, así que no tienes que preocuparte mucho. Tú disfruta.
- Hasta que se canse, o se ponga pedo y pierda la ropa (como siempre), ¿no?
- ...Cierto.- suspiró, otra vez.- Entonces tendrías que esconderte o ensartarle con una flecha. Tienes mi aprobación en ambos casos.
- O le cambio de disfraz, le zurro un poco y va de vagabundo. – parpadeé, sonreí y me reí- Ok, ok… Le usaré de saco de boxeo en otra ocasión. Todo por y para nuestro querido GusGus~
- Probablemente te lo agradeciera y todo. Lo usaría como símbolo de su... hombría
- Entonces tendré alguna sesión con él, seguro que se pondrá de voluntario con gusto. –desde luego, espero que no escuche esto porque… tendré que dormir una época con un ojo abierto para que no me viole este.- Pero hablemos ahora de ti Cleopatra, ¿qué hace usted tan lejos de sus dominios?- me incliné, besándola la mano y mirándola, siguiendo el juego de aquella noche.
- Pues nada, aquí.- sonrió, siguiendo el teatro improvisado.- Pasando el rato con un arquero de lo más caballeroso
- ¿El arquero caballeroso podría invitarla a tomar algo? ¿O simplemente preferiría hacer alguna otra cosa?
- Puede invitarme a algo y luego a bailar, ya que la pareja de Cleopatra se ha atrevido a dejarla sola.- negaría teatralmente con la cabeza.
- ¿Por qué Ewan te ha dejado sola? ¿Se perdió con Gus en algún callejón oscuro o algo así? – arqueé las cejas varias veces, sonriéndola.
- Creo que esta vez se ha ido a buscar a Erika. - ¡Cómo no! -Ya sabes, la historia interminable. Al menos no terminará despelotado con mi hermano otra vez...

Realmente veía venir esto, pero bueno. Una fiesta en la que… ¡no sé! Yo no vi, en un principio, lo de ir en parejas, ¿Halloween con disfraces tan formal en ese sentido? Sí, podría ser. Pero de un modo u otro somos adolescentes y… cada uno irá con su rebaño en cuanto vea a alguien que le interesa. O en otras palabras… ¡Adiós parejas! ¡Hola Grupos!

- Me da la impresión que esta noche muy de parejas no es y la gente va más a su bola, ¿no?
- Las borracheras no entienden de pareja.- se ríe.
- ¿Te irás con las borracheras o te apetece venirte un rato con los que vamos en grupo? – Bueno… grupo grupo lo que se dice... ¡Si somos solo dos!
- Sabes que no soy de beber mucho, eso se lo dejo a mi hermano, así que encantada de formar parte de “El Grupo”.- me dio un golpe amistoso en el brazo por el último comentario.- Me alegra ver que el ambiente de Halloween a logrado animarte.

Más bien creo que todo esto me ha hecho espabilarme. No solo la fecha, sino los sucesos. Pero… ¿para qué seguir dándole vueltas? Lo hecho, hecho está, ¿no?

- Me costó verlo, pero decidí una cosa. Que por muy jodidas que se pongan las cosas y por mala sea la situación en la que me encuentre, no puedo hundirme, más bien lo contrario y seguir caminando.
- Así se habla. Aunque vayas vestido de verde eres un perfecto Gryffindor.- sonrió ampliamente.
- Qué va, soy un desertor, por eso el verde y el arco. Si no, sería rojo y una espada.
- Tu alma no soportaría ser un desertor.- No sé yo Ayala. El mal es divertido y dulce…- Aunque pegues a mi hermano, porque en el fondo se lo merece, eres demasiado buena persona para darle la espalda a tu casa.- Más de uno pondría en duda eso, me juego mi arco a que acierto.
- Por supuesto, soy un angelito que no rompe ningún plato. –sonreí ampliamente, moviendo las cejas lanzando un gesto de malicia.
- ...Si sonríes así me veo obligada a decirte que tengo mis dudas.
- Prefiero que se dude antes de que me vean como un bonachón, que claro, no soy. – miré al suelo durante un instante para luego levantar la cabeza con cierta brusquedad. - Aunque ya sabes. Popularidad, gente, cotilleos… ¿Qué más da todo eso?
- Eso es, eso es, que les den.- hizo un aspaviento con la mano.- Positividad ante todo.

Positividad. Para unos, pensar constantemente en que algo bueno va a salir, que conseguirá un extraordinario en cierta asignatura o cualquier cosa, es buena y mala al mismo tiempo. Bueno, porque ir con energía buena, puede hacer que lo consigas. Aunque claro, en contraposición, si ves que no, te hundes más en el barro. Ahora bien, ¿qué es lo que uno prefiere? ¿Ir de buenas para luego recibir la patada (o claro, que salga todo bien) o todo lo contrario? Suspiré levemente. Noté como alguien posaba su mano encima de mi hombro, escuchaba un leve “Ey” para después girarme. Sonreí, tranquilo, al ver a cierto Slytherin que, en otra circunstancia, le diría que se lo tiene bastante creído al ver su disfraz.

- Oh, mira Cleo. – retrocedí un poco para dejarle espacio a él. – Este es Yoel.
- No sabía que os conocierais.- arqueó las cejas, mirándonos a ambos.
- Pues no hace mucho, la verdad. –el chico se pasó la mano por la nuca, tocándose su cabello negro un poco, en un signo un tanto avergonzado. – Aunque la verdad, el tiempo es subjetivo. Da igual si conoces de hace cinco años o cinco días a una persona, a veces uno intuye en quien puede confiar.
- ¿Os conocéis vosotros también? – sonreí, pero al mismo tiempo, les miré a ambos, curioso ante aquella novedad.
- Algo así. Hablamos... ¿una vez?- miró a Yoel.
- Mmmm… Sí, en los pasillos si recuerdo bien. ¿no? Antes de Astronomía quizás.- respondió este.
- Vaya. –arqueé las cejas, mirándoles.- Creo que eres tú quien conoce mejor Hogwarts que yo, Ayala.
- No te creas, todo lo que sé es por casualidad.
- ¿Y qué sabes? Si podemos saberlo claro. –intercambié rápidas miradas con Yoel.
- Secreto de faraona. – Fue entonces cuando hizo algo que, por un lado me desconcertó, pero por otro, era tan obvio que a veces uno lo ignoraba. Sonrío de tal forma que se veía claramente quién era su gemelo. El Slytherin negó con la cabeza levemente mientras sonreía.
- Bueno, esos secretos de faraona tendrás que contárnoslos en algún momento, ¿no crees?
- Pero no hoy, hoy es un día para festejar y olvidarse de lo que se sabe y de lo que no se sabe.
- Bueno, pero de una forma u otra lo que se sabe y lo que no está ahí y en muchos casos en momentos como estos salen al aire, nos gusten o no. –susurró Yoel, mirándonos fijamente un segundo. Después sonrió. – Pero sí, hay que disfrutar hoy y pasarlo bien.
- Cierto, pasarlo bien, olvidar lo que se sabe y no pensar. A veces pensar es malo, ¿no?- ¿A veces? Bueno, sobre todo si, constantemente uno le da vueltas a las cosas., llegando a rallarse.
- Según Gus, siempre es malo.- refunfuñó y suspiró. Miró a su alrededor y luego a Yoel.- ¿Por cierto, dónde has dejado a tu pareja?
- ¿Mi pareja? – puso su carita de chico tranquilo, apacible y que no rompe ni un plato. Después sonrió ampliamente. - ¿Qué pareja?
- Creo que ha querido salirse de lo habitual esta noche en cuanto a la pareja y el disfraz.–le pasé el brazo por el cuello, haciendo que se agachara y después grité en alto.- ¡Damas y Caballeros! ¿De qué se ha disfrazado esta noche el Señorito McGregor? ¿De Muggle? ¿De mago? Podría ser, pero no nos engañemos. ¡Tenemos al mismísimo Dios entre nosotros! – Reí, miré a nuestro alrededor y después al chico. Mostraba su amplia sonrisa característica, frunciendo el entrecejo y arrugando levemente la frente. Puse los ojos en blanco al verle así. -¿Qué?
- Ja, Ja, Ja. Muy gracioso Alex. – se deshizo de mi brazo para agarrarme él a mí. – No molestes a Dios, ¿no querrás que desate su ira contra ti, verdad? Aunque me da la impresión de que Green Arrow tiene más ganas de clavarle su flecha a alguien que enfadar a Dios, ¿no? – sonrió con aún más amplitud, sobre todo cuando los dos estuvimos a la misma altura. Le golpeé en la nuca automáticamente, poniendo cara de ofendido y haciendo que desapareciera aquel rostro tan alegre durante unos segundos para luego reír otra vez. – Bueno, de todas formas, no sé porqué todos empezaron a buscarse pareja como locos. Si no, mirad cómo ha terminado esto. Cada uno está en un sitio y son pocos los que están en parejas.
- Los que venían con pareja la han perdido, y los que venían solos la han encontrado. Hogwarts está cada día más loco. - Ayala asintió con la cabeza, exagerando un poco el gesto, haciéndome reír levemente.
- ¿Cada día? ¿Seguro? – intervine yo.
- Creo que hace bastante perdió la cordura, ¿no? –prosiguió Yoel.
- Hay múltiples posibilidades, claro.
- Sí, creo que las hormonas son su peor enemigo.- Chambers negó con la cabeza.- Pero Hogwarts no sería Hogwarts sin ellas.
- Es como si bebiéramos zumo de calabaza sin calabaza. No sería lo mismo.

Les miré, pero no como normalmente lo hacía. Realmente quería abrazarles… quería decirles lo importantes que habían sido en las últimas semanas. Ella por ser una amiga que había estado allí, tal como habían estado las cosas; y él, por formar parte de mi vida, aportándome cosas que antes no tenía o que ignoraba. Pero no sólo los dos, sino otros más, habían conseguido algo, o al menos, eso creía. Abrirme los ojos y que mejorara, aunque fuera un poco, como persona.



alex - 2009-11-13

[······························]

-

previous