
-¿Estás de mal humor?- casi escupí lo que estaba bebiendo. Después de, qué sé yo, tres cuartos de hora, se había dignado a interesarse por mi humor. Alargué la “o” a propósito. Me esmeré en usar un tono jodidamente y obviamente escéptico, irónico y cínico, todo a la vez; pero si lo notó, lo ignoró olímpicamente y volvió a desviar la mirada hacia otro lado. -¡Claro que estoy cabreado! Iba a señalarle a mi hermano, pero me reprimí y pegué los puños a la mesa, agachándome todo yo sin darme cuenta. Esa vez no le hizo falta ninguna explicación más. Miró a mi hermano, luego a mi y otra vez a mi hermano, para finalmente bajar la vista a su bebida, casi tan elegante como ella, y removerla con la pajita negra que le habían dado. -Tenía entendido que os ignorabais. La miré, entre atónito e incrédulo, unos segundos. -¿Estás echándome algo en cara? Me pareció ver un atisbo de sonrisa en ese rostro pálido tan inexpresivo, y de hecho estoy seguro de que sonrió, o más bien se rió de mí, así que no me alegró demasiado que la Reina Hierática decidiera sonreír estando en mi presencia. Rodé los ojos y acepté su copa como pago por haberse reído de mí y haberme causado dolor de cabeza. -¿Tienes tabaco?- arqueó una ceja y volvió a centrarse en mi. Por tercera vez en menos de una hora volví a mirarle como un completo imbécil alucinado. No sabía si era verdad o era una excusa. Reprimí un “¡¿QUÉ!?” porque sabía que eso significaba volver al tema de mi hermano, así que la miré de reojo para cerciorarme de que no se había movido ni un milímetro para darme nada, y me levanté en busca de Gus, felizmente rodeado de gente y de espaldas a mi. Sin siquiera llamarle, le cogí por el codo para anunciarme. -¡Tabaco!- le grité incluso antes de que acabara de darse la vuelta. Algunas cabezas se giraron hacia nosotros, probablemente ávidos de una declaración de amor o algo parecido. Era una suerte que hubiera nacido con menos vergüenza que la mitad de la población mundial, porque de no ser así habría muerto por culpa de ella. -¡¿Tienes que gritar esas estupideces!? Sonrió y se alejó asintiendo para si. No sabía qué había de bueno en ser el criado de alguien, pero Gus parecía creer todo lo contrario. Volví donde estaba Harriet y me dejé caer en mi antiguo sitio. En apenas cinco segundos Ayala se materializó delante nuestro con bebida para los tres. Me dio a escoger vaso y se sentó delante de mí. -Odio a tu hermano.- le anuncié. Como única respuesta se río y propuso que brindáramos por algo que, realmente, no me acuerdo. =OUT=
No sabía cuando tiempo llevaba ahí sentado, escrutando el horizonte sin tener nada interesante que mirar, y con la mano pegada a mí bebida. De vez en cuando le echaba un trago o la removía, pero muy de vez en cuando. Estaba más concentrado manteniendo el ceño fruncido y cara de pocos amigos.
Harriet estaba sentada a mi lado, con sus larguísimas piernas cruzadas y una de ellas bailoteando en el aire en lo que habría sido un tic nervioso en cualquier otra persona; en ella era imposible. Dudaba seriamente que conociera siquiera la palabra “nervios”. Pese a estar sentada al lado de alguien visiblemente malhumorado, no mostraba signos de incomodidad o de preocuparse por el motivo por el cual estaba de mal humor. De hecho no mostraba signos de preocuparse o interesarse por nada de lo que tenía alrededor, aunque lo único que hiciera fuese pasear la mirada de un lado a otro del local.
Su tranquilidad era casi física. Podía sentir que me envolvía, y eso aun me irritaba más que la presencia de Randolph muchos metros más allá desde hacía diez minutos. Era anestesiante, y no necesitaba anestesia. Quería estar cabreado.
Dejé de mirar como un imbécil la pared estampada del local, suspiré sonoramente y me llevé el vaso a los labios, dispuesto a terminarme lo que estaba bebiendo de un trago. Contra todo pronóstico, vi de refilón como la ravenclaw dejaba de estar perdida en el espacio y me miraba directamente.
-No.
Empezaba a cabrearme de verdad.
-¿Por qué?- si hubiera estado bebiendo de nuevo, esa vez sí habría escupido, incluso me habría salido el líquido por la nariz.
-¡Por él!- grité tanto para hacerme oír como porque tenía ganas de gritar.
-Y lo hacemos. Yo lo hago.- recalqué el “yo”.
-Pero estás de mal humor por él, menuda manera de ignorarle.
-Le ignoraría si él me dejase.- insistí en un medio gruñido.
-Así que en realidad no le ignoras.
-Yo sí, pero él no.
-Pero estás de mal humor por él, menuda manera de ignorarle.
-Le ignoraría si él…- callé de golpe.- Oye, esto parece una conversación de besugos.- me hundí en mi miseria, lo que me permitió comprobar que las mesas estaban limpias y olían bien.
-Porque es un tema de besugos.
-No, en realidad no.
-Pues no ha sonado muy bien lo de “tema de besugos”- gruñí.
-Y qué más da, si ignoras a tu hermano y todo lo relacionado con él debería darte igual si suena bien o mal.
-Yo sólo he dicho que le ignoro a él.
-Así que te preocupas por él.
-Yo no he dicho eso.
-Pero si no ignoras lo que hace referencia a él, tampoco le ignoras a él.- creo que volví a quedarme un rato mirándola como un imbécil.
-Cállate, me estás liando.- suspiré, al fin, volviendo a llevarme el vaso a los labios. Tarde unos segundos en darme cuenta de que estaba vacío.
-De todas formas, el besugo es sólo un pez.- estiró un dedo y me alargó su bebida.- Bastante bueno, dicen.
Me repantigué en el asiento y hurgué en mis bolsillos en busca de tabaco. Encontré la cajetilla, pero estaba vacía. Volví a sentirme como un imbécil.
Miré a Harriet en busca de ayuda, pero había vuelto a su estado natural de estatua griega.
-No voy a darle tabaco a un menor.
-¡Pero si tienes mi edad!
-Entonces usaré la excusa de que tu hermano me ha pedido que te vigile y no estará muy contento si lo hiciera.
-¡En tu bolsillo!
-¡No me queda!
-¡Porque debo haberte robado el último sin querer!- no había matado a Harriet porque llevaba tacones y era más alta que yo, pero sí podía matar a Gus.
-¡No se roba sin querer, imbécil!
-¡Bueno, pues lo he hecho con amor!
-¡Si tu me gritas yo te grito! Pero voy a dejar de hacerlo porque me duele el cuello.- añadió, frotándose la garganta.
-¿Dónde está Ayala para darte una colleja?- suspiré, exasperado. Puso cara de sorpresa.
-Joder, es verdad, ¿dónde está? Voy a buscarla.- dio un paso, decidido.
-¡No!
-Mi corazón es muy sensible, ¿por qué me gritas?- se detuvo puso cara de cordero degollado.
-Porque me gusta hacerlo.- sonrió de medio lado, pensando en Merlín sabría qué.- Cállate. Por tu culpa no puedo fumar, así que vas a conseguir tabaco de donde sea.
-Así que soy tu chacho.
-Exacto.
¡Tomah post vacío! Pero lo bien que me lo he pasado xD *estruja a Will* Mi pallasete~
will - 2009-06-12
Se acabó. Ya es suficiente. Yoel tenía razón… bueno, más bien tiene razón. Ya está bien de que me lamente de todo lo que va mal y ahora mismo, lo que pienso hacer es ir a Hogsmeade con las mejores pintas posibles e intentar pasármelo bien. Y si pasa algo, pues genial, y si no, pues igual. Espabila ya de una vez Alex, que no todos tienen la suerte que tu tienes…
**********************************
Queda poco para que empiece la fiesta. Sé que hay gente, es imposible no escuchar a Gus y al resto en su interior… armándola. Pero mejor me espero, al menos unos minutos más, cuando entre más gente. Así, si me largo, se que alguien me habrá visto… y qué coño, ¡tengo una excusa perfecta!
Miro a la cuesta, un acto inconsciente. Veo dos cabelleras rubias. Uno es una serpiente con la que me llevo tan bien que hasta que nos hacemos regalos de navidad. La otra, es una puffie. Y al parecer, no se encontraba muy bien con su acompañante, más bien todo lo contrario. Seguramente la habría agarrado Liam y se la traería a Hogsmeade. Como si no le conociera…
- Vaya, vaya, vaya… - deja de hablarle a Ava lo que debiera de estar contándola. Seguramente la estaría jodiendo con alguno de sus comentarios o todo lo contrario. De él me espero cualquier cosa. - ¿Has visto a quién tenemos aquí? Si es Glowwer Estrella del Rock… qué suerte, Reed, qué suerte. Hasta se ha peinado para la ocasión, debe ser una fiesta con caché ¿eh b>Glowwer?
- Claro Liam, una fiesta donde tú, afortunadamente, no puedes ir. –sonreí ampliamente, ignorando la actitud de la serpiente. Miré a Ava. ¿Acaso necesitas un rescate express?- ¿Te vienes?...
Ella me miró, con cierta angustia en el rostro. Pero, después, miró de reojo a Liam y agachó a la cabeza. Joder, ¡saca un poco de carácter y no dejes que te mangonee este! Bueno, más bien nadie, pero el sobretodo.
- Qué valiente, Glowwer. – Gilipollas, urg. Sonríe con malicia, y luego dice, mirando a Ava. – Entiendo que prefieras la compañía de tu novio potencial antes que la de una humilde serpiente… así que… - Se aleja unos pasos, sin poner impedimento, sin joder, sin decir ningún comentario pretencioso ni nada.
¿Hola? ¿Quién ha cambiado a Liam Halder? ¿O es que el mundo se ha vuelto del revés y no me he enterado? Y ahora, nos hemos quedado los dos solos.
- Mmm…
Me mira, la miro yo, ella me vuelve a mirar y yo otra vez… Nos miramos pero ninguno dice nada, joder. Esto parece un partido de tenis, cada uno tirando la pelotita para ver en qué campo cae. Y si, es incomodo, porque la última vez que hablamos fue hace un mes, porque nuestra última conversación no fue, lo que se llama, bonita. Y porque quizás, el mes pasado, las cosas eran más sencillas, sin tantas complicaciones como las que tengo ahora. Y por un lado, me encantaría meterme en este local y olvidarme un rato, pero no, a esta chica la debo algo y ya es hora de que se lo de.
- Este Liam… Siempre jodiendo al personal. –inconscientemente, pongo los ojos en blanco. Dejo escapar un leve suspiro. – Tú también vas a la fiesta, ¿no?
- Ahora sí. – se muerde el labio de abajo. Se la nota nerviosa, bastante más de lo habitual. Tarda en contestarme. – Dependía de lo que quisiera él. – inclina la cabeza hacia el lado por el que la serpiente se marchó.
- No te dejes manipular por él, no saldría nada bueno. –Otro silencio… Estoy gastando yo toda la conversación. – Mmm… ¿te importa si hablamos un poco?
- No, claro. – hace un amago de sonreír. - ¿No te importa que…? – señala un banco cercano. Niego con la cabeza y se sienta en un extremo. La imito, sentándome en el otro. Sí, o ahora o nunca. En teoría, como le dije a Jazz~Jazz es que tenía intención de hacerlo en Hallowen. Pero ahora, aquí, con nadie que moleste, que interprete cosas erróneas o que comience a cotillear… es el mejor momento, la verdad.
- Em… bueno. –tragué saliva. Moví la cabeza, mirando al cielo, intentando contenerme de salir corriendo, volando o cualquier forma de escape. – Nuestra última conversación no fue… buena, nada buena. Y no ha sido un buen mes, no me refiero para mí, sino para ti también. Y bueno… debí disculparme contigo hace bastante, todo lo que ocurrió… fue un cúmulo de malentendidos y problemas de otro tipo… No digo que no me mosqueara, no entraré en quien tenía razón o quien no… Venga, a lo que voy es que… lo siento, ¿vale? Sé que un “lo siento” sabe a poco, pero al menos eso te lo debía.
Me mira, sorprendida, sin decir nada, N-A-D-A, absolutamente nada. ¿Qué pasa? ¿Tengo monos en la cara? ¿Te sorprende que me disculpe? ¿O es que te vas a levantar y vas a gritarme por el mes tan malo que has pasado? No, sinceramente, no creo que hagas eso… no te pega.
- Oh… -se queda, otra vez, sorprendida y sin decirme nada. Al menos eso revela algo, y es que no se lo esperaba. Aparta la mirada, procurando no mirarme directamente. - Yo… yo tampoco… quiero decir, que yo también lo siento… mucho. Muchísimo en realidad. Yo nunca quise hacerte sentir mal ni nada por el estilo…
- Creo que… lo hecho, hecho está. No podemos hacer nada más que mirar el presente y dejar atrás el pasado.- Al menos, por mi parte, intentaré hacer eso, ya que lo único que traería recordándolo son malos rollos.
- Si el pasado no deja de perseguirte… - murmura, suspira, mira al suelo, pensando en sus cosas, en su mundo o en cualquier otro sitio. Entiendo esa sensación, la verdad. - ¿Amigos?
- Claro.- sonreí y la estreche la mano brevemente. – No faltaría menos.
Nos quedamos otra vez callados. Sonrisas y risas nerviosas. Otro silencio que añadir al del día.
- No creo que sea buena idea que entremos ahí a la vez. – dice muy bajito.
- Yo estoy esperando a ver a un amigo. –En estos casos, era a él a quien acudía, al que se lo contaba y con el que lo celebraba. Pero no, ya no… Quizás Yoel se encuentre todavía en Honeydukes… - Entra tú, ya iré luego yo más tarde.
- Entonces, hasta la vista. –se levanta del banco, despidiéndose con la mano, entando en el local.
Sí, debo darle la razón, completamente. Si la vida no te sonríe… ¡hazla cosquillas!
Pero ahora, lo que espero realmente… es que el día termine bien, para variar un poco.
alex - 2009-04-12